Gastrobitácora
Granada
Como casi toda la gente, tengo mis rituales veraniegos. Hasta este año, no podía decir que había comenzado realmente el estío si no me había ... comido unos espetos en El Farillo de Calahonda y si no había pasado por El Conjuro o, más recientemente, por El Embarcadero, para disfrutar del arte en los fogones de mi querido Antonio Lorenzo.
Pero 2026 está siendo tan terriblemente atípico que me he visto obligado a romper con dichos rituales. ¡Es que ni al Cabo Sacratif me he asomado, aún!
Pero tampoco me he querido conformar. Y dado que bajar a la Costa es algo quimérico, he decidido disfrutar del popular pescaíto frito en pleno Zaidín. Lo de Mahoma y la montaña, pero con salmonetes, boquerones y adobos.
Ustedes saben que Granada vive una explosión de bares entregados a las frituras de pescado. Los Diamantes dieron con la tecla y a partir de ahí…
Cerca de casa está Casa Josemi, cuyo propietario se fogueó precisamente en Los Diamantes. Hasta que decidió volar solo e instalarse en el entorno de Palacio de los Deportes. Tienen muy buenas tapas, me falta por probar su arroz y soy un gran aficionado a sus salmonetes y a sus navajas. Me gusta combinarlos con manzanilla de Sanlúcar bien fresquita, tras ese primer trago de cerveza salvador en estos días de canícula y noches mal llamadas tropicales.
A mí, lo de tropical me trae ecos a mojitos y otros cócteles exóticos. Y aquí, lo que tenemos, es una calor quepaqué. ¿Se acuerdan del célebre «al menos por la noche refresca»? Pues no sé yo, ¿eh?
Estos días, por mor de las circunstancias y por el gusto —no sólo adolescente— por la comida asiática, he estado comiendo muchas gyozas y también 'fideos chinos' con salsa y trozos de carne de cerdo fritos. Fue en el Noodle Rest, a donde hacía mucho tiempo que no iba. ¡Con lo que me gusta todo lo que hacen! Eso sí. Antes que un ramen, me apunto a un cocido o a la mismísima fabada de El Chigrín, a pesar de las calores. Y es que a falta de viajes transatlánticos (si no voy a La Chucha, no me voy a ir a Vietnam ;-) la gastronomía funciona como el mejor de los pasaportes. Suena a tópico, pero es verdad que un plato te permite transportarte sin moverte de la mesa.
¡Esas navajas jugosas, esos mejillones, esas almejas y otros productor de lamer. Y de la mar. Que no es lo mismo tomarlos en el rebalaje, sintiendo la maresía en el rostro y la arena en los pies, pero que bienvenidos sean, también, en la jungla de asfalto. Así, los Rodríguez nos sentimos menos Rodríguez. ¿O no?
Al salir del cine
Este otro rito no es necesariamente veraniego, por supuesto. Pero los cines son otros de los refugios climáticos de Granada (capital) en tiempo de canícula. Y como la mayoría de las salas están en centros comerciales, al salir nos gusta aprovechar para picar algo o directamente cenar, mientras comentamos la película. ¡Incluso para comer, que durante los fines de semana se han impuesto las matinés de cine y son una gozada! Otro día me paro con más tiempo y le dedico más atención al tema, pero en el Serrallo, malo será que no pase por Sancho Casual Burger, antes o después de la película, dependiendo del horario. Aunque un buen tragón no tendría empacho en tomarse una buena hamburguesa a las seis de la tarde, a modo de merienda, yo prefiero entretenerme con unas 'marranás'. (Juro que soy respetuoso y no hago ruido con la bolsa, que los hay que parece que, más que comer garguerías, estuvieran estrangulando y torturando a los gusanitos, como si tuvieran una deuda pendiente.
Y si toca el Nevada, mi opción favorita está justo a la salida del cine: el Enjoy. Raro es que no pida su pollito picantón a la brasa. Y, cuando se tercia, después de la Alhambra fría, una sangría. Por la fruta, claro. Otro día me extiendo más.
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