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Los Pinos Casa de Comidas, un pequeño oasis de calma y silencio a 10 minutos de Granada
Ubicado en Huétor Vega, este restaurante sigue apostando por la comida de pueblo y la cercanía para que sus comensales se sientan como en casa
Apenas diez minutos separan el centro de Granada de un lugar donde el tiempo transcurre a otro ritmo. En la parte alta de Huétor Vega, rodeado de tranquilidad y lejos del bullicio de la ciudad, Los Pinos Casa de Comidas lleva más de cinco décadas demostrando que la cocina tradicional nunca pasa de moda cuando se hace con honestidad, buenos ingredientes y el deseo de hacer feliz a quien se sienta a la mesa.
Detrás del restaurante están hoy Lorena y Óscar Arquelladas, segunda generación de una familia que comenzó esta aventura en 1973. Ya entonces sus padres consiguieron que este fuese un lugar donde se iba a comer, pero también a sentirse como en casa; una forma de entender la hostelería sigue siendo hoy el alma de Los Pinos. Y es que «la esencia no solo se mantiene con la forma de cocinar y los platos que tenemos en la carta, sino también por la manera de tratar a las personas que nos visitan», explica Lorena. «Nuestros padres eran auténticos anfitriones y nosotros seguimos creyendo que esa cercanía es tan importante como cualquier receta», añade.
Cocina actual
Lejos de quedarse anclados en la nostalgia, en Los Pinos defienden una evolución natural de la cocina tradicional, en la que se respetan las recetas de siempre aprovechando las posibilidades que ofrece la cocina actual. «Todo lo que sale de nuestra cocina se hace aquí. Aprovechamos las ventajas técnicas que nos permiten ser más operativos, pero sin renunciar a cocinar como siempre», afirma Lorena.
El resultado es una carta donde conviven grandes arroces, carnes a la brasa en el punto perfecto, guisos tradicionales y una selección de platos que cambian con las estaciones y con lo que ofrece la tierra.
Los fondos que dan personalidad a sus arroces y guisos requieren horas de elaboración. Las salsas se elaboran en casa. Todo forma parte de un trabajo largo, que el cliente muchas veces no ve, pero que termina percibiendo cuando prueba cada plato. Para Lorena, «el tiempo que una persona dedica a cocinar para otros es un acto de generosidad y un regalo». Y eso es precisamente lo que intentan transmitir cada día.
Productos de cercanía
Hablar de Los Pinos también es hablar de cercanía. «Trabajamos como con anillos. Primero con productos de nuestro pueblo, después nuestra provincia y luego Andalucía. Intentamos no salirnos de aquí, aunque a veces no sea posible».
Ese compromiso se aprecia especialmente cuando llegan determinadas temporadas. Por ejemplo, «las alcachofas o las habas que cocinamos son de Huétor Vega o del Valle de Monachil, y cuando se terminan en el campo, también desaparecen de nuestra carta». Una filosofía que recupera el valor de la temporalidad y convierte cada visita en una experiencia diferente según el momento del año.
Remanso de paz
Los Pinos no solo conquistan por lo que sale de la cocina. Su ubicación en la zona alta de Huétor Vega es otro de sus grandes atractivos. «No tenemos tráfico alrededor y hemos conseguido crear una terraza muy verde», un lugar ideal para despejarse del ruido, donde la tranquilidad convierte cada comida en una pausa del día a día.
«Intentamos que todo funcione para que quien venga disfrute de verdad. Como dice mi hermano, nosotros vendemos felicidad», nos cuenta Lorena.
Y esa felicidad tiene muchas formas. Puede llegar en un arroz meloso preparado al momento, en una carne recién salida de la brasa, en una ensalada elaborada con los mejores tomates de la temporada o incluso en una tarta de limón acompañada de helado de miel, la favorita de Lorena.
Porque al final, más allá de recetas o técnicas, Los Pinos Casa de Comidas sigue defendiendo una idea que cada vez resulta más difícil de encontrar, y es que la mejor gastronomía es aquella que se hace sin prisa y consigue que uno se sienta como en casa.