El sorprendente foie con cacao y pan de especias de Jardines de Zoraya.

Gastrobitácora

Platos flamencos con mucho arte

Cenar en Jardines de Zoraya, antes o después de su espectáculo flamenco, es un disfrute en el que lucen tanto brillante cocina de José Abril como un impecable servicio de sala

JESÚS LENS Granada

Aunque Jardines de Zoraya está a tiro de piedra de la Cuesta del Chapiz, mi hermano y yo subimos dando un largo rodeo por todo el Albaycín, como si echáramos de menos aquellos trotes por la montaña: sabíamos cuándo y dónde empezaban, pero desconocíamos su duración y, sobre todo, por dónde terminaríamos saliendo. Caminamos tranquilamente, nos asomamos a los miradores que nos salieron al paso, escuchamos la llamada a la oración del muecín de la mezquita y, por fin, entramos por las puertas de un espacio prodigioso: esos Jardines de Zoraya en los que tan buen rato íbamos a pasar.

El nombre de 'Jardines' no es casual. Ni baladí. El exterior del establecimiento es una delicia donde se escucha el correr del agua de una fuente en un entorno privilegiado. Ahora que las noches empiezan a ser agradables, cenar bajo las estrellas cobra todo su sentido. Y el flamenco de cercanía, en la intimidad que propicia su tablao al borde de las mesas, se engrandece aún más. Hablamos de cenar bien, porque la propuesta gastronómica de José Abril es extraordinaria, yendo mucho más allá de la oferta culinaria habitual de los restaurantes con espectáculo en los que la comida no interesa tanto como el show de turno.

Tres opciones para el comensal con ganas de disfrutar: carta con cerca de 30 propuestas diferentes y dos menús, uno de 29 euros y otro de 39, al margen del precio de la entrada para el espectáculo, que también es de primerísima categoría. Con decirles que nosotros pudimos disfrutar del baile de Patricia Guerrero, Premio Nacional de Danza 2021… ¡Una locura!

José Abril está cambiando estos días algunos de los platos de la carta. Unos, para adecuarlos a la temporada de primavera–verano. Otros, para dar rienda suelta a esa creatividad en cocina que siempre es tan de agradecer.

Arrancamos con un Ajoblanco con helado de aguacate, coco y lima que sorprende por su combinación entre el dulce y el salado. Tan fresquito, viene de fábula para abrir el menú y hacer que el cuerpo se aposente y se relaje después del paseo albaicinero.

Siguió un Foie con cacao y pan de especias, novedad en la carta, y que resulta igualmente llamativo en su mezcla de sabores, donde lo más intenso se concentra en la parte 'desmenuzada' que, en teoría, acompaña al bocado principal. Un plato que, como entrante, puede desconcertar, pero que es todo un hallazgo.

La Alcachofa en salsa de almendras y tocino ibérico es un auténtico espectáculo, a la altura de lo que minutos después acontecería en el tablao. Un plato mestizo, toda una alianza de civilizaciones en sí mismo. Otro sorpresón: los Rigatoni rellenos de berenjena y scamozza afumicatta en salsa de berenjena a la miel y espuma de parmesano. ¡Esos aromas ahumados me condujeron al Oriente Medio que tanto me gusta, de Irán y Siria a Líbano y Jordania! Otro 10.

Los platos fuertes: Bacalao con espinacas a la sevillana, crema de jamón ibérico y un aire de menta que le daba un toque especial a un pescado excelente, de carne compacta y tersa, muy apropiado para las fechas en las que estamos. Y otra novedad en forma de carne: Costilla de ternera con manzana ácida, cuyas finas y sabrosas hebras se deshacen en la boca. Para terminar, más historia y tradición: Aire de Al Ándalus y especias, una torrija rebosante de sabor, y ese Puro chocolate que, para los muy aficionados, es un puro deleite.

Si a un menú excelso y a un espectáculo flamenco de primera categoría, que se vive pegado al escenario, le sumamos la exquisitez y precisión de una sobresaliente atención en sala; al bajar por la Cuesta del Chapiz al borde de la medianoche, disfrutando de la Alhambra iluminada, más que caminar, levitas.