Una Alhambra con | Aitana Montoro García, escritora
«Mi poemario busca la extrañeza de lo ordinario»
Aitana Montoro García se expresa a través de diversas artes, como la poesía. Su nuevo poemario se titula 'Fauna Cadavérica'
Granada
Hablamos con su autora de un poemario convertido en libro objeto, cuya primera edición, agotada, será pieza de coleccionista. Se podrá conseguir de nuevo a ... partir de septiembre. Reserven a través del +34642294797
–¿Qué es, cómo define su libro 'Fauna Cadavérica'?
– Es un poemario que busca la extrañeza de lo ordinario, donde lo doméstico se observa desde una mirada surrealista y grotesca. Me gusta imaginar el libro como un cuerpo y la poesía como una forma de descomposición; cada poema es un insecto que se alimenta de su contenido, de su carne, hasta dejar expuesto el esqueleto que vertebra el poemario, la idea de que cualquier cosa puede ser arte.
–¿Por qué ha elegido para su libro a tanto insecto?
–Los insectos forman parte de nuestro lenguaje e imaginario colectivo, quizás más de lo que somos conscientes. Las expresiones que utilizamos en nuestro día a día (estar con la mosca detrás de la oreja, sentir mariposas en el estómago, tener malas pulgas, ser un bicho raro…); las fábulas que nos cuentan cuando somos pequeños, como la de la cigarra y la hormiga; los libros que consideramos clásicos de la literatura, 'La Metamorfosis' de Kafka o 'El Señor de las Moscas' de Golding… Que los insectos plaguen nuestra cultura no es nada nuevo. Pueden pasar desapercibidos, pero están siempre presentes. A mí no me gustan los insectos, es más, algunos me producen verdadera repulsión, y quizás es precisamente por eso por lo que acabo escribiendo sobre ellos. La escritura se nutre de la obsesión, de las compulsiones y los miedos, de las fobias.
–¿Puede lo doméstico ser extraordinario a la vez que amenazador?
–Por supuesto. Solo hace falta mirar lo cotidiano con otros ojos. Una aspiradora se parece a un mago en que ambos hacen desaparecer cosas. Un bidé no es más que un caballo de porcelana. El calor puede ser un bebé, porque se agarra a tu pecho y hace que el sudor corra como la leche… las posibilidades son infinitas. Yo soy muy fan del manifiesto 'I Am for an Art', escrito por el artista Claes Oldenburg en 1961. El texto defiende un arte que crece sin saber que es arte y aboga, entre otros, por el arte de las cajas abandonadas y atadas como faraones, de las sillas con sus huesos marrones rotos, el arte majestuoso de las mierdas de perro que se elevan como catedrales. Es una defensa satírica y absurda, pero no por ello menos sincera.
–¿Y su 'odio' por las cámaras?
–Las cámaras de videovigilancia disfrazan el control y la monitorización obsesiva como seguridad, ejercen una opresión silenciosa que incita a vivir en un estado de performatividad constante. Actuamos para cámaras que no se ven, pero que son omnipotentes, porque las ciudades han adoptado el modelo carcelario del panóptico. Es algo que me resulta terrorífico.
–Usted es también diseñadora y artista multidisciplinar…
–No me considero una 'artista multidisciplinar' ni nada por el estilo, simplemente me gusta expresarme de manera creativa y esa expresión puede tomar diferentes aspectos. Es una cuestión de retroalimentación, de encontrar el medio que mejor se adecue a la idea que quiero plasmar o a lo que sea que quiero expresar. El teatro, en particular, es una de mis pasiones, como se refleja en los poemas 'A Telón Bajado' o 'Desmelenadas'. También disfruto haciendo collages y fanzines. A fin de cuentas, un poema no es más que un collage de palabras.
–Agradece a sus padres que despertaran el gusanillo de la escritura. Le ha 'mordido', pero bien...
–Sí, y me temo que es una mordedura fatal. Mi cerebro es una manzana podrida donde las palabras campan a sus anchas como gusanos hambrientos, buscando salir.