Destinos con sabor

Quioscos, oasis urbanos

PABLO AMATE

Alivio de caminantes urbanitas. Tengo dos preferidos, distantes, pero no lejanos en mi recuerdo. Mi infancia son recuerdos del quiosco aljibe de la Alhambra. Fui de los niños que tuvo el lujazo de tener la Alhambra para corretearla, jugar con el agua de sus arriates, fuentes y estanques. Y ya muerto de sed, bajo la mirada de mi madre, pedía un vaso de agua en el aljibe. No llegaba al mostrador. Y al encargado, poca gracia le hacía dar agua a niños acalorados.

Una Sagres, por favor

No me lo podía creer. Había llegado en helicóptero desde Hong Kong a la isla de Macao. Y como antigua colonia portuguesa, mantenía su impronta en gran parte de su urbanismo. Cerca de las erectas ruinas de la iglesia de San Pablo creí estar en cualquier placita portuguesa. Su auténtico quiosco, mesas con sillas y cerveza fresquita Sagres, elaborada en el Algarve, me trasladaron a mi amado país hermano.

Quiosco o kiosco

Vamos a conocer el origen de esta singular palabra: 'Quiosco', a veces escrito 'Kiosco', proviene del francés kiosque, este del turco kioshk (mirador) y este del Persa kusk (palacio). Al principio, su único significado era «edificio pequeño, de estilo árabe, situado en un punto estratégico para contemplar un paisaje o un acontecimiento». Esto lo cuenta internet. Y abarca el nombre al que puede ser para conciertos musicales al aire libre. Pero nosotros hablamos de esos islotes que venden bebidas frescas y tienen algo de picar.

Almería, quiosquera

Muchos de ustedes –yo no tuteo al lector– conocen Lamería. Y habrán visto múltiples enclaves quiosqueros. Como en Granada, los hay de churros madrugadores. El quiosco Amalia, de Puerta Purchena, forma parte de la intrahistoria almeriense. Pida un 'americano'. Lo inventó un cineasta en los años 70, alojado enfrente, en el Hotel La Perla. Recuerdo otro quiosco de la ciudad indalica: El 18 de Julio, con mesas a su alrededor. Hay muchos más. Con raciones variadas donde no falta el pescado de la lonjas próximas.

Alivio de caminantes

Un quiosco se encuentra. No se va, ni se reserva mesa, si las hubiere. Los de amanecer espabilan el alma y colaboran en el homicidio de 'matar al gusanillo' con una copa de revuelto: anís seco o dulce con otro 'viaje' de brandy. Esos churros viendo llegar la luminiscencia al rincón donde se ubica. Conocí en Cádiz un quiosco que por las mañanas hace churros y al anochecer, tortillitas de camarones. Estos negocios suelen ser de escuetas dimensiones y agobios para faenar y guardar los bártulos. Cuídense.