Son doce pero podrían ser muchos más. Solo falta que se sumen, en ello están. No está nada mal, para empezar, una primera red con ... una docena de pueblos gastronómicos a los que planear algunas escapadas que incluyen, dentro de los atractivos turísticos y patrimoniales, la buena mesa como ingrediente fundamental. Alcázar de San Juan, Alhaurín el Grande, Almendralejo, Aracena, Baena, Cangas del Narcea, Llerena, Mora de Rubielos, Riaza, San Cristóbal de La Laguna, Sigüenza y Tomelloso son ya los integrantes de esta Red de Pueblos Gastronómicos de España que se define por aunar tradición, naturaleza e historia con experiencias gastronómicas con productos locales, recetas ancestrales, templos culinarios y fiestas relacionadas con la comida y la bebida. Aquí van algunas propuestas.
Una ruta de Almendralejoa Aracena
Poco más de 130 kilómetros separan la localidad pacense de Almendralejo, en la Comarca de Tierra de Barros, de la de Aracena, en plena Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en Huelva. De la primera parada, cabe destacar que los maridajes se realizan aquí con vinos de la D.O. Ribera del Guadiana, de la que Almendralejo es la capital. Hay en la zona más de una veintena de bodegas y cooperativas que llevan al mercado más de sesenta marcas distintas; cuatro de ellas elaboran cava, como Bodegas Vía de la Plata.
Para comer, las migas tierra de Barros, a base de pan candeal del día anterior con ajos y pimientos, y el jamón ibérico, una sopa de tomate con uvas y pan frito o caldereta de cerdo con almendras (y aceite de oliva, ajos, pimienta negra, sal gruesa, vino blanco y pimentón de la Vera).
En Llerena, en la Campiña Sur de Extremadura, se puede disfrutar de la caldereta extremeña, cuyo origen se remonta a la época de la trashumancia, y de los guisos de caza mayor, así como el embutido de jabalí, los patés de ciervo, el conejo en escabeche y la perdiz con salvia.
De la herencia judía y morisca, los corazones de monja que se siguen cocinando, con miel, almendras y huevos, en el Convento de Clausura de Santa Clara, que está como antaño con su fachada de mampostería y ladrillo, el retablo barroco, la cúpula decorada al fresco y una talla en madera de San Jerónimo obra de Martínez Montañés.
Pasando a Huelva, en Aracena se puede uno adentrar en la Gruta de las Maravillas, cien metros por debajo del castillo, o admirar las dehesas de encinas y alcornoques en las que se crían los cerdos que dan origen al jamón local. De la D.O.P Jabugo, es el protagonista de una feria en octubre, época en la que también hay ya castañas y setas para muchos guisos. Otras recetas clásicas: gazpacho de invierno, pisto serrano, bollo de papas... y quesos artesanos con leche cruda de cabra y oveja. Estos también tienen su fiesta, en diciembre.
Oleoturismo en Córdoba
El doble de kilómetros hay entre Aracena y el otro pueblo andaluz en la red, Baena, en Córdoba. Y claro, hay que pensar en aceitunas y aceite de oliva del bueno. Oleoturismo es lo que se puede hacer allí donde casi en cada rincón hay una huella de esta tradición e industria. Y allí está el Museo del Olivar y el Aceite, dos plantas llenas de historia que se pueden visitar de jueves a sábado. Fue hasta 1959 el molino de Don José Alcalá Santaella y la mayor parte de la maquinaria de esta almazara data de mediados del siglo XIX.
El aceite D.O. Baena es la base de una cocina que presume de salmorejo cordobés con berenjenas rebozadas, de revoltillo baenense –espárragos, habas, ajetes, huevo y jamón–, de mojete de papas (atención: patatas, cebollas, ajo, tomate maduro rallado, pan, pimentón dulce, pimiento choricero, pimiento rojo y verde, agua, huevos, sal y aceite de oliva), del contundente empedraíllo, es decir, arroz, garbanzos, tomate, pimiento, cebolla, habichuelas, laurel, ajos, azafrán... y también de ratones, que son brochetas de riñones y lomo de cerdo, ensartados de forma alterna, fritos y guisados en un caldo de vino, sal, laurel, ajos y cebolla.
Para desengrasar y refrescar, naranja con una pizca de agua y aceite de oliva, miel y pan de higo o bacalao. De postre, manoletes, pestiños y panetillos de cortijo, elaboraciones diversas con ingredientes parecidos.
Por el viñedo más grande
En Ciudad Real está Alcázar de San Juan, pueblo manchego de las de siluetas de molinos y fachadas de las casas solariegas de los siglos XVII al XIX. También, en medio de un paisaje de tierras de cereales y vides, de humedales como el Complejo Lagunar de la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda. Las lagunas de la Veguilla, del Camino de Villafranca y de Las Yeguas son el hogar, a lo largo del año, de cigüeñas, garzas, ánades, flamencos y grullas.
Y Alcázar de San Juan es, sobre todo, gastronomía, con platos típicos tradicionales como el pisto, las gachas, la pipirrana, el guiso de bodas, los duelos y quebrantos, la ensalá de limón y las tortas de Alcázar y, con ellas, la bizcochá. Un buen acercamiento se hace en esta zona a través del enoturismo, ya que forma parte de la Ruta del Vino de la Mancha. Este recorrido, dicen, es el del viñedo más grande del mundo, La Mancha y su llanura.
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