Granada
Una nueva semana le 'robo' su receta a Ana María Gutiérrez –sigan su blog Cocinando entre olivos, que no hay otro más interesante para los ... aficionados a la gastronomía–. Y es que este verano no he podido tomarme siquiera un espeto de sardinas. Pero con esta receta me puedo desquitar. ¡Y lo grande!
Dice Ana que «la cocina tradicional de la Costa de Granada nos regala algunas recetas maestras para disfrutar de la sardina, reina del pescado azul, sin necesidad de brasas, humos y olores, perfectas para preparar en casa». ¡Gracias!
Ingredientes:
800 g de sardinas frescas abiertas y limpias, 4 dientes de ajo, 35 g de piñones, 100 ml de vino blanco seco, zumo de medio limón, perejil picado, aceite de oliva virgen extra, sal y 1-2 cayenas (opcional).
Elaboración: Comenzamos dorando los piñones en una cazuela de barro con un fondo de aceite de oliva virgen extra. Una vez que tomen color, los retiramos y reservamos. En ese mismo aceite aromático sofreímos los ajos picados junto a las cayenas y, antes de que cojan color, disponemos las sardinas sazonadas en la base de la cazuela. Rápidamente, vertemos el vino blanco y el zumo de limón, espolvoreando por encima el perejil y recuperando los piñones reservados. Subimos el fuego para que el líquido reduzca y ligue durante apenas dos minutos, logrando una emulsión deliciosa.
Servimos con un trozo de pan y a disfrutar.
Fuente de salud
La sardina es uno de los pescados azules más conocidos y, por ende, es rica en ácidos grasos omega 3, uno de los elementos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo. En este sentido, la sardina es toda una despensa, que posee casi 8 gramos de grasa por cada 100 gramos de carne. Es buena para el corazón por sus efectos antiinflamatorios y anticoagulantes, ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos y también contribuye a bajar la presión sanguínea. Recordemos que nuestro cuerpo no produce el omega 3 por sí mismo y que para su aporte necesita el concurso de determinados alimentos.
También es rica en minerales, sobre todo fósforo, así como selenio, yodo, hierro y magnesio. Contiene determinadas vitaminas del grupo B como la B12, la B6 y la niacina, así como cantidades significativas de vitaminas liposolubles E y D (que ayuda a absorber el calcio).
Las sardinas de lata presentan un contenido de calcio muy importante porque se consumen junto con la espina. En concreto, aportan unos 314 miligramos de calcio por 100 gramos. El inconveniente que presenta la sardina para la salud se limita a quienes padecen hiperuricemia o gota, dado su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico.
El espeto es la forma más natural de disfrutar de las sardinas. La que nos conecta con el yo ancestral que todos llevamos dentro. El espeto es volver a comer el alimento tal y como como se viene haciendo desde tiempos inmemoriales. Y es que se trata de una técnica sencilla para la que sólo se emplean utensilios naturales: leña para conseguir el carbón vegetal sobre el que asarlo y una caña para atravesar el pescado.
Espetos de más pescados
Aunque se identifica con la sardina, la del espeto es una técnica que permite asar a las brasas muchos tipos diferentes de pescado: calamares, pargos, salmonetes, sargos, doradas, mero, rape y, por supuesto, esos mariscos que tanto nos arrebatan, como las cigalas o los langostinos. Bien ensartado a través de la caña, sazonado con una pizca de sal y aderezado con un chorrito de aceite, el pescado en espeto le saldrá bien al artista que sepa acercarlo y alejarlo de las brasas en el momento justo y girarlo de la forma precisa para que salga jugoso y en su punto.
Porque preparar un buen espeto es todo un arte. Este verano, de hecho, han faltado maestros espeteros en la costa de Granada, que también es un trabajo duro.