El refectorio

Sardinas de Bar Lonja (Motril)

Uno se puede hasta sentar allí, pero todo sabe mejor de pie y en unos veladores por los que pasa la flor y nata

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Sardinas de Bar Lonja (Motril)

Pla cuenta que el sabor de la sardina empeora conforme uno se aleja del mar. «A cinco kilómetros al interior, aún se mantiene vagamente; a ... diez...», va explicando el payés. Camba, muy serio, cree que una sardina, una sola, «es todo el mar». Y sugiere comer «no menos de una docena» si no se hace en casa ni con la «madre virtuosa de nuestros hijos», dice. Hay, entonces, que buscar un sitio frecuentado por gaviotas, acompañarse de gente de mal vivir y en el que haya sardinas para reventar.

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