Borrar
Una caña bien tirada, una tapilla, un libro de Paul Auster y unos minutos para garabatear sin prisas. J.L.
Sorbos tranquilos, creativos, sin prisas

Gastrobitácora

Sorbos tranquilos, creativos, sin prisas

Tomarse un respiro para algo tan sencillo como tomar una caña con su tapa y pasar un rato escribiendo a mano te reconcilia con esa vida sin prisas que tanto se echa de menos

Jesús Lens

Granada

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Viernes, 31 de mayo 2024, 00:05

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Hace un par de semanas llegué pronto al Planta Baja, donde se iba a celebrar una sesión de Psychobeers con la catedrática Margarita Sánchez Romero, así que me busqué un bar cercano para tomar una caña.

Me apetecía escribir a mano, pero no llevaba bolígrafo, así que pedí uno en la barra y, sentado en un taburete, sobre una mesa alta, alterné la escritura manuscrita con la bebida en un preciso ejercicio de inversa proporcionalidad: a medida que bajaba la cerveza, crecían los renglones. Cuanta más cerveza entraba en mi cuerpo, más ideas salían de mi cabeza, más tinta expelía el bolígrafo y más palabras emborronaban el papel en blanco. Bien pensado y en realidad, la cosa era directamente proporcional, sumatoria y creativa: cada sorbo de cerveza paladeado con calma y delectación se convertía en sensaciones, imágenes, ideas y palabras.

Ni que decir tiene, llegué tarde al Planta. Sin darme ni cuenta, eché cerca de media hora fantaseando, improvisando e hilando frases entre trago y trago de cerveza; yo solo y a mi aire. Sin bullas y con calma. Relajado. Fue sólo una cerveza, pero bien fría, bien tirada y mejor despachada. Y ahí se me ha quedado, incrustada en el hipotálamo.

Traigo a la memoria esa caña morosa al leer los resultados de un estudio sorprendente realizado al alimón por Cervezas Alhambra y el instituto de investigación Ipsos: el Índice de Prisa de los andaluces según el cuál, más de la mitad reconocemos vivir de una forma demasiado acelerada. ¡Y usted que lo diga! «Cada vez se hace más notoria la necesidad de dejar de lado la sensación de que encadenamos una tarea tras otra, sin detenernos a valorar y apreciar los detalles y matices de lo que nos rodea», señala el estudio. ¿Dónde tengo que firmar?

Habrá sido casualidad –aunque ya saben que yo creo más en la causalidad– pero todo esto me ha pillado leyendo un libro paradójicamente exigente y trabajoso: 'Elogio de la ociosidad. Un ensayo filosófico sobre el valor de no hacer nada', de Brian O'Connor. Y es que hay que echarle valor para eso, para (tratar de) no hacer nada. Valor y cuajo, la verdad sea dicha.

No les voy a contar ahora las tesis del libro. Si quieren ustedes descubrir las claves de la ociosidad, les toca tomarse la molestia de leerse un libro que habla de tipos como Kant, Hegel, Marx, Schopenhauer, Nietzsche, Simone de Beauvoir y Marcuse; entre otros.

El caso es que ya está bien de ser constantemente productivos y de ir a toda leche por la vida, tratando de rentabilizar cuanto más mejor y en el mínimo tiempo posible, incluidos cafés, tostadas, cañas y tapas. ¡Más tranquilos! Recuerden Ítaca y que lo importante no es el destino, sino el camino: «Cuando emprendas tu viaje a Itaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias». Y si les parece demasiado místico, traigamos a colación la canción de Vicente Fernández: «Que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar».

En este sentido, de los Oasis de Tiempo de los que nos habla Cervezas Alhambra, de «los momentos en los que el tiempo se detiene y los sentidos se agudizan para poder disfrutar de algo único», hablamos otro día, con más calma y detenimiento, como debe ser.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios