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Uno de los platos que se pueden degustar en el Parador de Granada J. L.
Gastrobitácora

Como sultanes en el Parador de Granada

Comer o cenar en el corazón de la Alhambra, y hacerlo por todo lo alto, es uno de los lujos de los que podemos presumir en Granada

Jesús Lens

Granada

Jueves, 15 de enero 2026, 14:08

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Pasan los años y alucino como la primera vez. Me encanta caminar por la calle Real de la Alhambra y cruzar las puertas del Parador de Granada. Discúlpeme si usted ya lo sabe, pero nuestro Parador, uno de los más codiciados y cotizados de España, está enclavado en todo un palacio nazarí: el de los Infantes, convertido por los Reyes Católicos en el primer convento cristiano de la recién conquistada Alhambra y el espacio elegido para albergar la primera sepultura de los monarcas.

Del antiguo convento de San Francisco todavía se conserva su patio original, transformado en claustro, además de la sala árabe y la qubba. ¡Y un magnífico mirador al Generalife por el que pasaba la mismísima Acequia Real. Precisamente debajo de la cúpula de mocárabes se hallan las tumbas provisionales de los Reyes Católicos. Por si fuera poco, el Parador también acoge los restos de los baños árabes del palacio, descubiertos tan tarde como en 1949.

Ahora mismo, parte de ese legado histórico, arqueológico y patrimonial está en proceso de restauración, que se va a musealizar. No queda mucho para que termine ese trabajo, pero nada de ello es óbice para disfrutar de la propuesta gastronómica de su restaurante, El Almorí, cuyos equipos de cocina y sala son una maravilla, algo descomunal.

Ya hemos convertido en ritual, cada 1 de enero, subir a comer al Parador de Granada para probar y deleitarnos con el menú de Nochevieja que pudo disfrutar la clientela alojada allí. Es toda una experiencia que te hace sentir con un auténtico sultán, tanto por la calidad y el esplendor de la propuesta culinaria como por el excepcional trato de un equipo de sala perfectamente cohesionado, hasta el punto de que funciona como un ballet.

Mi primer trago para calmar la sed de la subida, que parte del encanto es llegar andando desde el Zaidín y cruzando el Realejo; en una Milnoh, la proverbial Cerveza Alhambra Reserva 1925 que permite augurar un gran año repleto de placeres también en las copas.

No les voy a detallar el menú completo, pero sí les quiero dar unas pinceladas de la propuesta gastronómica del equipo liderado por el chef Juan Francisco Castro, pienso que muy representativas de la cocina que se puede disfrutar en El Almorí. En el Parador de Granada, o sea.

Para empezar una Milhoja de frutos de invierno elaborado con boniato, castaña y manzana. Y otro bocado que me dislocó: Queso asado y puré de guayaba. ¡De guayaba, nada menos! Y para acompañar, ese cava que cada vez me gusta más tomar desde el principio de las buenas y más especiales comidas. En este caso, Panot Gaudí Brut Reserva. Y es que está muy bien meterle burbuja a la cosa nada más comenzar.

Cada bocado del Bogavante asado con arroz cremoso de algas era inyectarte maresía en vena. La maresía es ese aroma a mar, sal y algas arrastrado por la brisa cuando estás en la costa y es buena para el cuerpo y para el alma. De ahí que platos como este alimenten desde que te llega su evocador olor a la pituitaria. Como el Rodaballo hecho a la parrilla, acompañado de tallarines de verdura y coral de remolacha.

Imagen principal - Como sultanes en el Parador de Granada
Imagen secundaria 1 - Como sultanes en el Parador de Granada
Imagen secundaria 2 - Como sultanes en el Parador de Granada

La carne llegó en forma de costillar de cordero, preparado de una manera que conecta con el lugar donde nos encontramos: asado con mostaza de hierbas, puré de coliflor y ciruelas al vino.

El prepostre, para quedar bien con la Organización Mundial de la Salud y su recomendación de comer fruta todos los días: piña asada, sorbete de mandarina y espuma de coco. Y el postre: pastel de cacao y avellanas acompañado de sorbete de cava rose y fresas deshidratadas. Y mantecados y polvorones al gusto. ¡Que no se diga! Para los vinos, referencias de Somontano y de Ribera del Duero.

Un menú, como decíamos, digno de sultanes, maravillosamente presentado y servido por ese personal de sala que sabe cómo realzar cada plato y cómo hacer partícipe al comensal de momentos únicos. Por lo que tiene en el plato y por lo que tiene a la vista ahí fuera. Que el menú y ese marco incomparable -pocas veces una expresión hecha, y hasta manida, habrá tenido tanto sentido- se retroalimentan maravillosamente.

Y como les digo siempre que hablo del restaurante El Almorí de nuestro Parador -hay que usar y practicar más el plural mayestático- darse una vuelta antes y después por la parte abierta al público del propio convento de San Francisco como por el entorno, sirve para redondear la experiencia. En esta ocasión, para desmentir a Bad Bunny, me harte de echar fotos. Por ejemplo, a la Torre de los Abencerrajes con la Sierra, bien nevada, de fondo. Es otra parte de la Alhambra que se encuentra en restauración, junto a la alberca y los restos del propio palacio. ¡Maravilla, combinar una gastronomía excelsa con la mejores vistas!

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