Alfredo F. Moya muestra las setas que ya se pueden degustar en su famosa Taberna Catavinos. Ariel C. Rojas

Taberna Catavinos: la autenticidad por bandera

Alfredo F. Moya es el popular y conocido dueño de una de esas tabernas que hacen ciudad y que elevan el nivel gastronómico de Granada

Jesús Lens

Granada

Viernes, 27 de marzo 2026, 00:11

Estas semanas le ha llegado su momento a las setas, uno de los productos que más le gustan a Alfredo, hasta el punto de que ... fantasea con salir al campo para recolectarlas él mismo. Pero eso será más adelante. Aquí y ahora, hoy, lo que toca es hablar de cocina. Y, en el caso de Taberna Catavinos, para hablar de una cocina excelsa hay que comenzar por el producto. Y por las vitrinas.

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No hay más que asomarse a las vitrinas de Taberna Catavinos para empezar a salivar. Y para relamerse del gusto por anticipado, pensando en lo mucho y bueno que está por venir cuando te sientas a una de sus mesas altas o junto a la barra.

Aviso a navegantes: hay que reservar. Plantearse llegar a Catavinos y encontrar sitio es un ejercicio de voluntarismo que rara vez tendrá éxito. Y es que a Alfredo le gusta dispensar a su clientela la mejor atención, que esté a gusto y relajada. Cómoda. Y el espacio del local es el que es. De ahí que, como decíamos, reservar sea imprescindible. Porque, además, la clientela de Catavinos es constante. Y asidua. Como nos dice Alfredo, «cuento con una clientela fiel, sobre todo al producto que gasto. Sabe que un producto del día todo. Y luego, le gusta probar todas las 'tonterías' que suelo hacer, del tiradito de corvina o el rabo de toro simple. Todas esas cosas le encantan a la gente», comenta con buen humor y tirando de ironía.

Orígenes

Alfredo cogió su céntrico local en 2017. ¿Qué le gustó de él? Entre otras cosas, que fuera un sitio con solera, que se inauguró en 1964 como Bar David. Desde el principio le gustó trabajar con las setas. «Tenía un socio que manejaba el pescado. Yo era más de sala que cocinero, pero cuando él se fue, ya me metí en cocina, buscando hacer algo más creativo, de los arroces, al steak tartar, la quisquilla y las setas. Y la carta de vinos, que también me encargué de ella».

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Setas: el producto estrella en Catavinos estas semanas. Ariel C. Rojas

¿Cómo fue ese salto de la sala a la cocina? «Algo natural. De hecho, la cocina me ha gustado desde que era joven. Recuerdo mis años en Marbella y la Costa del Sol, a donde me fui a finales de los 70 del pasado siglo. De 'pasa vinos' pasé a jefe de rango en 1982 y eso me permitió cocinar frente al cliente, del entrecot a la pimienta al steak tartar. La hostelería antigua. Le cogí afición a la cocina y siempre se me ha dado bien, gracias a Dios».

La cocina de Alfredo es creativa y siempre con el objetivo de sacar el mejor partido a un producto excelso que siempre se termina. Cada día. Y ésa es la mejor prueba de que la clientela responde. «Trabajamos con el mejor producto fresco y todos los días se agota. Es nuestra mayor satisfacción». Su steak tartar, por ejemplo, es soberbio y las quisquillas, las gambas, el pescado… ¡Todo! «Tengo la suerte de conocer a grandes jefes de cocina como Chechu González de María de la O o David de El Rinconcillo. Siempre que tengo la duda sobre algún plato o producto, lo suelo consultar con ellos, que son dos grandes amigos míos».

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Variedad de vinos, sorpresas y buenos precios

Como buena taberna, Catavinos presta atención a su carta de vinos. Alfredo, con el paso del tiempo, ha terminado de definir una propuesta de lo más interesante y muy representativa de lo mucho y bueno que se hace en España. «Tenemos referencias de casi todas las denominaciones de origen. Me gustan mucho los vinos de la parte de Alicante como Pepe Mendoza, y vinos que sean novedosos, como el Grifo de Lanzarote, un malvasía seca plantada en tierras volcánicas. Y también vinos de alta gama, por supuesto. Un poco de todo y con los precios muy equilibrados, algo que es importante destacar dado el tamaño de la taberna, que no es muy grande». Y es que ir a Catavinos permite disfrutar y descubrir.

Y ahora les llega el momento a las setas. «Me gustan mucho desde siempre. Es un producto como la pasta, que da mucho juego y te permite desarrollar mucha creatividad. Puedes añadirle gambas, echarlas al arroz o a la carne… ofrece muchas posibilidades y es un producto muy intenso, y extenso, a la hora de cocinar», explica Alfredo, al que le encanta mostrar el producto con el que trabaja a la clientela, para que disfrute también de su frescura.

Ampliación

Debe ser una de las preguntas que más le han hecho a Alfredo. ¿Por qué no amplía su negocio? ¿No se ha planteado irse a un local más grande o abrir una 'sucursal' de Catavinos? Con el buen humor que le caracteriza, bromea sobre la cuestión. «Yo, en lo que estoy pensando, es en la jubilación. En tener tiempo, precisamente, para salir al campo e ir en busca de setas, algo de lo que tengo muchas ganas». (Risas).

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Y es que no han sido años precisamente fáciles, entre las diferentes crisis económicas, la pandemia y, ahora, el complicado escenario geopolítico a nivel internacional. «A mí, lo que me gusta, es atender bien a la clientela, hacerla sentir a gusto y que se vaya contenta». De ahí que Taberna Catavinos tenga las dimensiones precisas y, como decíamos al principio, que sea imprescindible reservar. Eso hace que el tiempo pasado en su interior sea grato. Aunque está llena a diario, no hay estrépito y se disfruta tanto de cada bocado como de la conversación tranquila y serena.

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