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Solomillo con queso de cabra y cebolla caramelizada del Gran Café Bib-Rambla. j. l.
El tiempo entre alcachofas y nuevas tabernas de toda la vida
Gastrobitácora

El tiempo entre alcachofas y nuevas tabernas de toda la vida

Tanto la Semana Santa como ésta en que nos encontramos han estado protagonizadas por las alcachofas, una verdura de temporada que cada vez me gusta más y no me canso de comer

Jesús Lens

Granada

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Viernes, 5 de abril 2024, 00:03

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Aunque las X Jornadas de la Alcachofa de Oleum, La Cantina de Diego y Casa Fernando terminan este domingo, los tres restaurantes las seguirán teniendo en su carta mientras el cuerpo aguante. O, lo que es lo mismo, mientras las vegas de Granada las sigan produciendo y los agricultores del entorno sirviendo a las mejores cocinas de la provincia.

Durante Semana Santa nos dimos un salto a Garden Plaza, donde tenían un menú especial dedicado a la alcachofa, y nos pusimos púos, para qué vamos a andarnos con eufemismos. Además, por fin conocí a Cristian Puebla, su cocinero, aunque fuera fugazmente, que estaban felizmente a tope, todo petado.

En concreto, el cremoso arroz frito con alcachofas salteadas, yema de huevo y crema de tocino estaba para que se te saltaran las lágrimas. Y no les digo nada de la crema de pisto de alcachofas ligeramente fritas con huevo frito y polvo de jamón. El concepto 'para mojar pan' adquiría todo su sentido con ese platazo. Un sitio para volver, que su cocina fusión es gloria bendita para disfrutar con ansia.

Fue terminarse la Pascua y reencontrarnos en Oleum para la presentación de sus ya clásicas Jornadas, que alcanzan la décima edición. Además de algunos de los platos que las protagonizaban y que ya les conté el pasado miércoles, pudimos disfrutar de una suculenta 'pulga' de alcachofa con anchoa y toque de mayonesa. Tal y como explicó María José Ruiz, responsable de sala de La Cantina de Diego, era un homenaje a esas tapas clásicas de taberna, un guiño a la gente joven, para que disfrute de esos bocados tan ricos de nuestro gastronomía.

De los platos que probamos, exquisitos todos ellos, destaco un 'mar y vega' de Casa Fernando: sus extraordinarias mollejas de cordero segureño y alcachofas. Un plato osado en el que las texturas maridan a la perfección. Las alcachofas en tempura con foie gras y miel de mi pueblo (Huéscar) de Óleum eran de una gran delicadeza y las alcachofas gratinadas con mahonesa de almendra y azafrán de La Cantina de Diego estaban para mojar pan. Otra vez.

Destaco estos tres platos igual que podría señalar los otros tres, exquisitos todos ellos. Lo que más me gusta de las jornadas gastronómicas dedicadas a un mismo producto es disfrutar de las mil y una posibilidades que nos brinda, en este caso, la alcachofa. Lo que decía antes: las texturas y los diferentes sabores hacen que no se haga nada pesada o repetitiva.

En Oleum pudimos disfrutar, también, de una reinterpretación de la fabada clásica que tanto le gusta a Gregorio, añadiéndole alcachofa para la ocasión. ¡Qué platazo, oigan! Qué pedazo de plato…

En lo que he estado timorato estos días ha sido con el dulce. Nada de postres típicos de la Semana Santa. Que no me he comido ni siquiera un rosco, vamos. ¿Y torrijas? La torrija es que la llevo siempre encima. Como la empanada. Y no es cuestión de abusar ni de venirse muy arriba.

Otra costumbre recuperada: comentar la película de turno al salir del Cine Madrigal al calor de una cerveza o vino. Me gusta mucho Bolavento, al estilo de las tabernas clásicas de toda la vida, con su suelo y paredes de azulejería y una carta de lo más variada.

Sus tablas de quesos apuestan por las queserías locales, de Las RRR a Granja Maravillas. El jamón y los embutidos, San Pascual y Jamonzar. La tapa de ensaladilla de gambas me encantó y no les digo nada de los torreznos: gorditos, crujientes por fuera y tiernos por dentro. Y otra 'receta' cada vez más en auge: las tortas Inés Rosales como base crujiente para distintas elaboraciones. Me dejo pendiente la Gilda, un bocado que me disloca; y las bravas, a ver si son bravas de verdad.

Y termino con otra vuelta a uno de esos sitios en los que siempre soy feliz: el Gran Café Bib-Rambla. Para mí, su terraza es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, un sitio en el que podría estar horas, tanto por la viva tranquilidad que se respira en el entorno, por el calor humano de su personal, maravilloso; y por la calidad de sus viandas. Un solomillo con queso de cabra y cebolla caramelizada, unas croquetas de puchero y, de postre, sus pestiños... ¡Ays! Placer de dioses.

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