La pata de pulpo a la parrilla, ahumado al tomillo, es un bocado exquisito de La Loca María / . j. l.

Gastrobitácora

Entre torreznos, pulpos y castañas

Con el otoño que llevamos, cuesta quedarse en casa. El tiempo nos sirve de excusa para descubrir establecimientos de reciente apertura y volver a clásicos atemporales

JESÚS LENS Granada

Me encantó hacer parada y fonda en la terraza de Chikito una horilla antes de ir a un concierto en el teatro Isabel la Católica. El objetivo: tomar algo, esa expresión tan nuestra que debería ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Al menos, de la humanidad española. Unas birras, unos croquetones y unas habas con jamón y huevo, junto a una tapa de ensaladilla rusa, nos dejaron el cuerpo perfectamente templado para sumergirnos en el brutal universo sonoro de Lagartija Nick. La rapidez en cocina y el esmerado servicio de la casa se agradecen cuando tienes la hora tasada.

Volví a Chikito unos días después para la cena del Premio Luis Oruezábal 2022 a Diego Guerrero. Me centro en dos platos. Su rabo de toro, esencial. Hasta el punto de que uno no puede decir que es de Granada sin haberlo probado. Hacía tiempo que no lo tomaba y disfruté de cada bocado. Esa carne tan jugosa desprendiéndose del hueso es una auténtica delicatesen. Antes, el potaje de castañas con acelgas y calabaza. Como hacía una noche fresquita, por fin, se agradeció un puchero calentito, contundente y otoñal. Cuchareo del que se queda grabado en la memoria. Por cierto que de las castañas, de las asadas y de las otras, habría que hablar más.

Y tras esa vuelta a uno de los grandes clásicos de la restauración granadina, un par de novedades. La Loca María, una de las aperturas del verano, en los exteriores de ese Centro Comercial Neptuno que poco a poco va recuperando su pulso gastronómico. Abre todo el día, literalmente hablando, y todos los días de la semana. Se agradece esa claridad, que hay establecimientos cuyos horarios parecen un sudoku y son un follón para tratar de organizarse.

La Loca María puede presumir de un entorno envolvente que te aísla del exterior y permite centrarte en la comida y la bebida. Un entorno verde y con un toque laberíntico que dota al espacio de una singular y acogedora intimidad. Primera alegría culinaria: el uso de las tortas Inés Rosales como base para un sabroso taco andalusí con aguacate y queso. Una de esas ideas que apuntas para replicar en casa. Seguimos con una burrata de búfala con tomate de temporada, pesto de avellana y queso de Las RRR de Maracena –que ha vuelto a ganar un premio en los World Cheese Awards– y con una contundente pata de pulpo a la parrilla, ahumado al tomillo con parmentier al romescu. Ya saben que amo a los cefalópodos. Y esta pata gruesa y carnosa me pareció sobresaliente. Rematamos con el entrecot de vaca vieja prémium y, para el postre, una de las joyas de la casa: la torrija de brioche con helado de leche merengada. Comida desenfadada, idónea para compartir, y muy sabrosa. Buen producto muy bien tratado con precio razonable.

Creo que fue en verano que comentamos que los torreznos se están convirtiendo en uno de los bocados del año. Vi que en Alpunto Asador Mediterráneo los tenían en carta y para allá que nos fuimos. Chiquitos, crujientes, salados y muy ricos. Adictivos como los quicos. Pedimos un plato como podían haber sido tres. No les digo más. Para rebajar su impacto y tranquilizar mi conciencia, añadimos una ensalada de mango con su vinagreta y… ¡un buen Tbone steak con sus patatas fritas! En este caso, como ustedes comprenderán, no hubo espacio para el postre. Espero que no siente precedente, eso sí.