El premiado, flanqueado por la familia Oruezábal, el alcalde de Granada y representantes de IDEAL./ALFREDO AGUILAR

El premiado, flanqueado por la familia Oruezábal, el alcalde de Granada y representantes de IDEAL. / ALFREDO AGUILAR

La Mirilla

Diego Guerrero recibe el Premio Luis Oruezábal 2022

La entrega del premio Luis Oruezábal 2022 al cocinero Diego Guerrero, con dos estrellas Michelin, une a ambos grandes referentes de la gastronomía

ENCARNA XIMÉNEZ DE CISNEROS

A estas alturas, ensalzar la figura de Luis Oruezábal es tan justo como siempre lo ha sido. Sobre todo porque a diferencia de lo que puede ocurrir en otros casos, a él le reconocimos en vida. Y más que hubiera recibido si no se nos hubiera marchado tan pronto. Así lo recordaban tanto el alcalde de Granada, Francisco Cuenca, como el director de IDEAL, Eduardo Peralta, en los momentos previos de la entrega del premio Luis Oruezábal 2022.

Lo recogió el cocinero Diego Guerrero, que tiene dos estrellas Michelin y que, como ha descrito mi compañero Jesús Lens, que ejerció de maestro de ceremonias, es todo un «irreductible», haciendo honor al libro que lo define y que tiene ese título.

La familia Chikito se volcó en el acto. Empezando por el personal de la casa, y, obviamente por la familia, con Graciela Mazzei, la mujer de Luis, y sus hijos Diego, Dani y Mónica. Con ellos, además de los ya citados, estuvieron, por parte de esta casa, el director general de IDEAL, Antonio González; y el subdirector, Quico Chirino. Y una alegría volver a ver a su antecesor en el cargo, hoy responsable de Comunicación de Vocento Gastronomía, Félix Rivadulla, siempre bienvenido a esta tierra a la que tantas cosas y tanto cariño le unen.

No faltaron tampoco Ramiro y Jorge Pérez de la Blanca, y grandes de la gastronomía local, caso de los hermanos Pedraza –La Ruta del Veleta–, Pepe y Miguel –que acudió junto a su mujer, Mª Carmen Cabello–; de parte de la saga del Mesón San Cayetano, con Benjamín Rodríguez, padre, e hijo, y Pepe Torres, de Bodegas Castañeda; y todo ello junto al presidente de la Federación de Empresas de Hostelería y Turismo, Gregorio García, y del secretario general, Antonio García.

Disfrutamos con buenos amigos como Miguel García Chinchilla, de Huyndai, y su mujer, Antoñita González, con Luis Fernández y Mª Victoria Olmo; Jacinto Sánchez y Francisco José González, de la Policía Local, con sus esposas, María Moreno y Cristina López, el artista de las guitarras Francisco Marín y Mª Dolores Hernández, y buenos amigos de Chikito como José Sampedro, Fernando Quesada, Javier Flores y Juan Domínguez. Todo ello sin olvidarme de la concejala Sandra Rodríguez, que, me enteré en ese momento, es prima de Pilar Rodríguez, la mujer de Diego Oruezabal. Todo quedaba en familia.

De Diego Guerrero, el premiado, se pueden decir muchas cosas, todas buenas. Que comenzó muy joven –es muy joven–, que vivió lo que es tener estrella Michelin en la cocina del Club Allard, y que siguió aprendiendo y experimentando.

Desde hace ocho años dirige el restaurante DSTAgE, en Madrid. Un nombre raro que recoge –de nuevo mi compi Lens me ilumina– un acrónimo inglés que, al traducirlo, no pierde un ápice de su belleza: «Días para oler, saborear, maravillarse, crecer y divertirse». Allí llegaron sus dos estrellas Michelin, y desde allí no ha parado con sus aportaciones, siempre con el sello de su visión creativa artística, y con sus nuevas propuestas: SPEAK,DPIKLE ROOM, y mucho más.

Se le veía feliz, algo que nos alegra y que certifica el nivel de unos premios, siete ediciones ya, en los que Diego Guerrero se une a la nómina que incluye a Martín Berasategui, David de Jorge, Paolo Casagrande, Paco Morales, Carmen Ruscalleda y al enólogo Antonio Flores, referentes de buen hacer, de entrega y de arte en el mundo culinario. En toda su amplitud.

El colofón de la noche fue la entrega del premio y las palabras de los protagonistas. Ella, Graciela, en nombre de la familia, se mostró emocionada y feliz de mantener el espíritu que su marido, Luis, supo hacer y transmitir.

Por su parte, el premiado confesó sentirse muy agradecido y, además, prometió volver. Fue una noche de homenaje a la buena gente. En este caso, con dos nombres propios: Diego Guerrero y Luis Oruezabal. Una combinación ideal.