Un verano al que aún le queda mucho por decir a nivel gastronómico en Granada
Septiembre combina el buen clima que aún se vive en la Costa con un ritmo menos masificado, lo que invita al disfrute con mayor tranquilidad
Sergio Sebastiani
Septiembre es uno de los meses más deseados para veranear, aunque por causas de fuerza mayor no son tantas las personas que pueden darse ese ... gusto. Una época en la que los destinos de playa están mucho menos masificados que en julio y agosto, si bien la gran mayoría está 'condenada' a pasar sus vacaciones en medio de su vorágine. A diferencia de estos, permite disfrutar de un verano que aún no ha acabado, pero con menos dificultades en muchos sentidos. Menos aglomeración en las playas, pocos problemas para aparcar, precios más bajos y menos afluencia a bares, restaurantes y chiringuitos.
Por estas fechas ya no es imprescindible la reserva previa, con mayores opciones de elegir lugar, horario para comer y hasta la mesa deseada. Muchas ventajas para una época en la que los establecimientos de hostelería siguen abiertos, y con la misma oferta gastronómica.
En ese marco de tranquilidad septembrina, el anejo marinero de La Caleta, en Salobreña, es una atractiva opción para dar un paseo y disfrutar de su gastronomía entre casas encaladas. Entre sus propuestas culinarias está El Turrito, especializado en carnes a la brasa que transita ya su cuarto verano abierto al público, ganando cada vez más predicamento entre quienes lo conocen.
Surgido a modo de 'spin off' de otros dos establecimientos de larga trayectoria de La Caleta y La Guardia, este añade una alternativa parrillera que no se encuentra en Salobreña. Uno de sus responsables es Guillermo Fernández, quien remarca que «casi todos los platos de la carta son a la brasa, no solo las carnes. Desde las tostas y las chapatas que se tuestan a la brasa hasta el provolone, las alcachofas o los cogollos. A excepción de los entrantes fríos, todo pasa por la parrilla».
Pese al origen argentino del propietario, el concepto no es el de un restaurante de esa tierra. Si bien se sirven carnes de esa procedencia como el lomo alto de novillo de Angus, o también el provolone –una rodaja de queso asada que acompaña a las parrilladas argentinas–, lo cierto es que el menú ofrece todo tipo de carnes a la brasa. El toque gaucho está también en el chimichurri, con el que se aliñan varios de los platos como las patatas asadas o la chapata de cabezada de cerdo hecha a baja temperatura.
Entre las carnes que se sirven, «siempre de calidad», se encuentran también el T-Bone, lomo alto y lomo bajo de frisona, lomo bajo de Jersey o chuleta de ternera lechal. No obstante, «siempre tenemos carnes fuera de carta, como chuletones de Simmental», por solo poner un ejemplo. Para quienes gustan de probar un poco de todo, lo suyo es el asado La Turrada, que incluye entraña de ternera, panceta, costilla de ternera, chorizo y morcilla; o la parrillada de ibéricos, que lleva lagarto, secreto y abanico ibéricos. Entre los entrantes, la carne tiene un papel protagónico en la tosta de entraña, con alioli de ajo asado, queso gruyere y mermelada de pimientos rojos.
En un pueblo marinero como La Caleta no pueden faltar los productos del mar, que en el caso de las tostas de brioche tienen tres alternativas: salmón, mejillones y sardinillas. Anchoas del Cantábrico y huevas de merluza son otras opciones para abrir boca, además de verduras a la brasa como las alcachofas –con queso parmesano, jamón serrano y foie–, cogollos –con crema de queso azul, piñones y anchoas–, lingote de pimientos asados –con guacamole, melva y mezclum– o puerros confitados con panceta ahumada.
Cambiando de tercio, en Castell de Ferro se encuentra Il Lido, una interesante propuesta de cocina italiana con pizzas gourmet y pastas curiosas por su forma de elaboración. «Nos especializamos en pastas frescas fuera de lo normal, como por ejemplo con harina de algarroba, como los tagliatelle con gambón, burrata y pistacho; los ravioli de harina de castaña que importamos de Italia, que luego rellenamos con gambón y burrata; o la pasta con remolacha», explica Alicia Gálvez, propietaria junto a su marido Andrea Tidu, e ideólogos de una carta muy italiana, país del que procede este último, concretamente de la Liguria. De ahí que empleen ingredientes muy utilizados en la región de la Lunigiana.
«Todo se hace a mano, desde las pastas hasta las salsas, pizzas, todo partimos de cero. También importamos la salchicha de Italia, una carne fresca y muy especiada», explica Alicia. Las pizzas son «como una pinsa revisitada, pues además de harina de trigo llevan también de arroz y de soja, muy crujientes». Todos los productos son italianos, como la spianata picante, el speck o el guanciale.
Otra propuesta internacional, y menos vista por la zona, es El portugués, en La Herradura, que ofrece especialidades de todas las regiones del país luso. Con preferencia de Oporto, de donde son sus propietarios Aníbal Lima y Cecilia Ferrera. De allí destacan la cataplana de marisco, el arroz caldoso o distintos tipos de bacalao, así como la Francezinha –una especie de sándwich– y la bifana –un bocadillo callejero de cerdo–, también platos portuenses.
Otras regiones de Portugal están también representadas con la alheira de Mirandela, un embutido de forma parecida a una salchicha; rogoes del Alentejo, una carne de cerdo que se cocina con almejas; o pataniscas de bacalao, del entorno de Lisboa, similares a los buñuelos. Y no faltan los guiños al ídolo futbolístico de este país, como el Bacalao al Braz CR7, pues «es su plato favorito».