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El viaje de una botella de vino hasta la mesa: temperatura, luz y transporte también importan
El viaje de una botella de vino es una de las fases más importantes a la hora de garantizar la calidad del vino al haber en este proceso factores muy importantes que pueden influir en su conservación
La mesa está puesta, el pan recién cortado y las copas de vino comienzan a llenarse entre los comensales. La conversación, amena, había empezado hasta que alguien probó el caldo. Era un Ribera del Duero que llevaba dos días esperando en la cocina, apoyado contra la pared, cerca de la ventana. Para uno de los asistentes, el vino no estaba a su gusto. E hizo la pregunta, «¿dónde y cómo ha estado guardado la botella de vino?»
Sin embargo, esa pregunta solo hace referencia a una parte del viaje que hace una botella de vino desde que sale de la bodega hasta que llega a la mesa. Un periodo de tiempo en el que las condiciones de almacenaje, entre otros factores, influye en el gusto final del caldo.
No en vano, el vino es un producto natural y sensible a condiciones ambientales. El calor, la luz o el transporte son solo algunos de los factores que pueden afectar a su conservación. Por ello, el recorrido desde la bodega hasta la mesa de una botella de vino debe ser cuidadoso y controlado para que el caldo llegue en las mejores condiciones.
Según explican desde Campoluz Enoteca, tienda especializada en vinos, destilados y productos gourmet con cava climatizada de última tecnología, el viaje de una botella de vino es una de las fases más importantes a la hora de garantizar la calidad del vino al haber en este proceso factores muy importantes que pueden influir en su conservación.
El almacenamiento en bodega protege el vino antes de su salida
El viaje de una botella comienza antes de cargarla en un vehículo. En la bodega, el vino permanece durante un periodo de tiempo en el que la temperatura, la humedad, la luz y las vibraciones deben mantenerse bajo control para evitar que las condiciones ambientales alteren las características del vino.
Por ello, una bodega o una tienda bien gestionada mantiene de forma constante la temperatura entre 12 y 13 ºC y una humedad relativa de entre el 60% y el 90%, los mismos parámetros que luego deben respetarse durante el transporte y el almacenamiento en destino. La diferencia es que, en origen, estas condiciones se controlan con precisión durante meses o incluso años, antes de que la botella salga de allí.
Proteger el vino durante el transporte
Como hemos visto, la temperatura es una de las variables que conviene controlar en todo momento. Y durante el transporte no tiene menos importancia. Todo lo contrario. Por ello, una botella debe seguir siendo transportada a una temperatura entre 7 y 18 ºC de forma satisfactoria, aunque lo adecuado es hacerlo entre 12-13 ºC como temperatura ideal. Por el lado contrario, los expertos de Campoluz Enoteca advierten de que, por encima de 24 ºC, comienza la oxidación y la degradación del vino.
Del mismo modo, la humedad también incide en la conservación del vino. Sobre este punto, la recomendación es conservar la botella de vino durante el transporte a una humedad relativa de entre el 60% y el 90% para mantener húmedo el corcho y reducir la evaporación, la misma que en bodega o tienda.
Es en esta fase, cuando el vino sale de un entorno controlado como el de la bodega. Esto, sin embargo, no es excusa. De hecho, el sector logístico especializado en vino cuenta con vehículos adaptados, con refrigeración, para evitar temperaturas elevadas, algo especialmente recomendable en desplazamientos largos.
Esta incidencia del transporte también se puede trasladar al transporte particular. Por ello, es recomendable no dejar botellas dentro de un vehículo cuando hace calor y, si es posible, utilizar una bolsa térmica o una nevera portátil durante trayectos largos y calurosos.
A la hora de conservar el vino en buen estado, desde Campoluz Enoteca explican que lo que más puede degradar un vino es la suma de picos y oscilaciones de temperatura que una botella puede sufrir en todo su recorrido desde que sale de la bodega hasta que llega a la mesa.
Cómo conservar el vino cuando llega a casa
La llegada al domicilio no pone fin al proceso de conservación. En este momento, Campoluz Enoteca aconseja mantener las botellas alejadas de fuentes de calor y luz directa y evitar cambios bruscos de temperatura. Para botellas con corcho natural, lo recomendable es almacenarlas en una posición horizontal, sobre todo durante periodos prolongados. El lugar elegido en casa también cuenta.
Del mismo modo que en otras fases del viaje, la luz plantea otro riesgo para la conservación de una botella de vino en el hogar. Al respecto, es importante evitar la exposición intensa durante el transporte y el almacenamiento. El motivo es que la radiación ultravioleta acelera la degradación de los aromas, siendo esta la razón por la que las botellas tradicionales emplean vidrio oscuro.
Debido a ello, almacenar una botella de vino en casa junto a una ventana durante semanas no es la forma adecuada de hacerlo para mantener las propiedades intactas del vino: es mejor guardarla en un espacio protegido, como puede ser una nevera de vinos, o lejos de los rayos del sol.
Cuando la botella se abre, comienza otra etapa. En líneas generales, la mayoría de los vinos abiertos pueden conservarse entre uno y tres días, aunque la duración depende del tipo de vino y de sus características. Guardar la botella cerrada en frío después de abrirla puede ayudar a prolongar esa conservación durante este periodo.
El camino de una botella de vino entre la bodega y la mesa no es un simple traslado de mercancías. Este recorrido implica una sucesión de decisiones técnicas que afectan al sabor final de cada copa. Temperatura, luz, humedad y transporte actúan juntos, siendo los factores que deben estar siempre controlados, tanto en origen como en destino.