Viaje por los vinos de uvas raras en España
La recuperación de variedades gana adeptos. La singularidad que aportan es su mayor activo pero también su capacidad de resistencia a los efectos del cambio climático
Mara Sánchez
Ante la amplia oferta de vinos en el mercado y la constante aparición de nuevas elaboraciones, el argumento basado en las variedades de uva de ... las que proceden se ha convertido en un recurso habitual para marcar diferencias. Por ello, cada vez más territorios y bodegas incorporan a la ecuación uvas autóctonas y castas minoritarias o recuperadas. Estas se han convertido en un elemento clave a la hora de hablar de singularidad e identidad frente a otras zonas, lo que explica el creciente protagonismo de elaboraciones que reflejan el origen y en las que, sin duda, las variedades empleadas desempeñan un papel fundamental.
Actualmente, en España existe un catálogo de más de 400 variedades de uva, aunque muchas permanecen ocultas o están cerca de desaparecer. Sin embargo, son ya numerosas las bodegas que trabajan en su recuperación. Las motivaciones son diversas. La principal es reforzar el atractivo que aporta la identidad de origen en unos mercados cada vez más competitivos. A ello se suma el hecho de que algunas de estas variedades están demostrando una notable resistencia frente a enfermedades y a los efectos adversos del cambio climático. Por ambas razones, en las zonas que se lo pueden permitir, se tiende a prescindir de uvas foráneas, mientras comienzan a surgir vinos elaborados con estas variedades recuperadas.
Es el caso de Paraje La Encina Bruñal 2022 (14,25 €) que elabora Javier Sanz Viticultor en tierras vallisoletanas, concretamente en La Seca. Es monovarietal de bruñal, una de las uvas que ha logrado recuperar en el territorio vitícola de Castilla y León en los más de 25 años que viene trabajando con la idea de encontrar variedades casi extinguidas. Sanz la encontró en la zona de los Arribes y la plantó en La Seca de donde ahora procede este Paraje La Encina y que sale como Vino de la Tierra (VT) Castilla y León. Aunque hay que decir que es una variedad que ahora ya ha admitido la denominación de origen Rueda en su portfolio.
La bruñal, además, tiene un ciclo de maduración más largo y mayor acidez, ambas características ideales frente al cambio climático. Su caldo procede de un viñedo a 680 metros, sobre suelos pobres y arcillosos, está fermentado en barrica y luego ha estado en toneles unos 5 meses. Presenta aromas de frutillos rojos, notas balsámicas, tostados y toque mineral; en la boca es jugoso, muy fresco, con cierta rugosidad en el tacto y final amargo que le aporta recorrido.
Otro buen ejemplo procede de los intensos trabajos de recuperación de variedades prefiloxéricas que viene realizando la catalana Familia Torres desde hace bastantes años. Y la blanca forcada fue la primera variedad obtenida, muy minoritaria, y con la que hacen Clos Ancestral Forcada 2023 (16,75 €). Segunda añada de este vino ecológico, de la DO Penedès, en el que la variedad ancestral está acompañada con un poquito de xarel.lo. Con tan sólo tres meses de crianza con sus lías muestra notas de fruta fresca blanca, cítricos, toques florales y herbáceos. Un blanco en el que ante todo destaca una fresca acidez y persistencia.
Identidad autóctona
Luego están los vinos elaborados con uvas exclusivas de la zona vinícola en el que se encuentran, unas con más presencia que otras pero cualquiera de ellas variedades limitadas a un territorio y por eso partícipes indiscutibles de su singularidad, a día de hoy valor añadido porque lo autóctono del origen es tendencia. Entre esas uvas se cuentan la salmantina rufete blanco, la callet balear o la catalana trepat.
La rufete blanco fue reconocida como autóctona de la denominación de origen Sierra de Salamanca hace ya seis años. Caracterizada por una alta acidez y cierta carga tánica, es más idónea para hacer vinos de guarda. También es de maduración tardía y untuosa. Entre sus mejores representantes se cuenta La Zorra La Novena 2022 (26 €) de Compañía de Vinos La Zorra. Fermenta en barricas francesas y en estos mismos recipientes permanece 5 meses con sus lías. Un vino intenso en aromas, donde aparecen notas cítricas, hierbas aromáticas, tostados, especiados, a lo que sigue una boca sabrosa, grasa, con acidez y largo paso.
En las isla de Mallorca, en concreto en la comarca de Felanitx y Manacor, tienen la callet una variedad tinta endémica que sobrevivió a la filoxera. A priori da vinos con baja coloración y grado aunque el trabajo con cepas viejas y de bajas producciones se ha traducido en vinos de buena concentración y complejidad. Y para la bodega Ánima Negra es una de las variedades de referencia protagonista de su gran vino Àn 2023 (45 €) donde la callet va con un 5% de mantonegro-fogoneu, otra de las autóctonas de la isla. Con una crianza de 14-18 meses en roble francés, procede de viñas de más de 45 años en convivencia con árboles frutales. Un tinto complejo e intenso que muestra fruta madura, notas florales, de hierbas aromáticas y balsámicos, junto a recuerdos de su paso por madera. Aromático, fluido, fresco, con paso sedoso y final persistente.
Como tercer apunte la trepat, otra tinta en su caso identificada con la denominación tarraconense Conca de Barberà, territorio en el que se empleaba para hacer rosados, pero donde ahora ya se está utilizando para tintos y espumosos. Son en líneas generales vinos con grado no muy alto, frescos, aromáticos, afrutados, ligeros, fáciles de beber. Con esta variedad la bodega Cara Nord elabora su Cara Nord Trepat Rosat 2025 (11,95 €), un rosado de viñas viejas de trepat –hasta 800 metros de altitud– de color pálido con una nariz en la que sobresalen los frutos del bosque y una boca equilibrada, envolvente, fresca, sápida y de buena acidez.