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La pasta fresca de Pizzería Las Villas sobre la carta-mantel con el logo de nuestro querido equipo de baloncesto: el Covirán de Granada. j. l.
Las Villas, una pizzería granadina familiar y baloncestística
Gastrobitácora

Las Villas, una pizzería granadina familiar y baloncestística

Comer en una pizzería como Las Villas convierte los días en algo diferente y especial, con una oferta variada que incluye productos de nuestra tierra como los espárragos

Jesús Lens

Granada

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Viernes, 21 de junio 2024, 00:19

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Cuando te sientas a la mesa y te recibe la carta del establecimiento impresa en un mantel de papel individualizado, tienes muchas posibilidades de estar en una pizzería popular y familiar. Automáticamente, el cuerpo se relaja, que uno no va a su sitio así a estresarse, agobiarse o angustiarse.

El miércoles estuvimos en la muy zaidinera, familiar y cercana pizzería Las Villas y por ese hecho tan aparentemente sencillo, ese día ya se convirtió en especial, diferente y original. Y es que, siempre que toca, sigo disfrutando de la magia de salir a comer fuera, algo que me disloca… aunque haya ocasiones en que lo más cercano al paraíso terrenal sea tomarse un gazpacho o unas judías verdes con ajos en casa, bebiendo agua fresquita y viendo una peliculilla antes de despachar una buena siestecica en el sofá.

Los mantelitos de Las Villas lucen, bien visible y en vivo color rojo, una de las razones para ir. Y no es menor, créanme. Quiero destacar la presencia del logo del Covirán de baloncesto en las cartas, que la familia Nieto lleva apoyando a nuestro club desde tiempos inmemoriales. Para los aficionados, es un detalle que nos hace amar aún más el sitio en que nos encontramos. No me extraña que, hace unos meses, cuando quedamos para la charleta al calor de unas Cervezas Alhambra bien frías, el presi del CB Granada, Óscar Fernández-Arenas, me citara precisamente en Las Villas.

Esta vez abrimos el fuego con unas gyozas, esa especie de empanadillas orientales que con tanta fuerza han irrumpido en nuestra gastronomía. De hecho, unas empanadillas de atún con tomate a la vieja usanza serían ahora un inmejorable (y delicioso) ejemplo de la llamada 'comida viejuna'. La versión 'otaku', sin embargo, triunfa sin ambages entre la chavalada, que se pirra por ellas y se pueden encontrar en la carta de la mitad de los bares y restaurantes granadinos.

Y una gran alegría: espárragos a la plancha. Con asterisco. En el sentido de que, en el mantel-carta hay un recuadro especial, bien remarcado, con una de esas leyendas que también valen su peso el oro: «Deguste nuestras recetas variadas de espárragos verdes de la zona de Láchar suministrados por Agroláchar». En mi próxima visita pido todos los platos hechos con la perla de nuestro Poniente. ¡Con lo esparraguero que soy! O 'esparragao', según se mire.

Y es que, esta vez nos entregamos a la pasta fresca. A las pastas frescas, en realidad. Como en el mus, me reservé la última palabra, a ver qué elegían mis queridas 'comensalas', esperando que pidieran alguna pizza y que luego no pudieran del todo con ella, dejándole al tragaldabas un par de triángulos, por lo menos. Cosas de la bribonería. Pero mi gozo en un pozo. Una pidió los sacottini taleggio con pera y cebolla caramelizada y la otra, los tortelloni de ricota y espinacas. Por mi parte, tiré por los agnolotti con su queso de cabra, berenjena y speck de cerdo.

Lógicamente, probamos y picoteamos de cada plato. Y estaban extraordinarios los tres. Pero como cada uno llegamos a la democrática conclusión de que el nuestro era el mejor, aquí paz y después gloria.

Como verán, estas semanas estoy disfrutando del placer de los buenos bares y restaurantes de barrio, muchas veces olvidados. Esos establecimientos que conforman una forma de ser española alegre, festiva y bulliciosa; la que nos invita a salir un día sí y otro también con cualquier excusa. O sin ella.

Como La Madraza de Palacio de los Deportes, donde tienen quintos de cerveza fresquitos, una medida que me gusta cada vez más ya que no da tiempo a que se caliente el último trago. Me encanta esa primera tapa de mejillones que ponen. Y después, por supuesto, sus célebres croquetones y albondigones, marca de la casa. Y un queso Camembert frito con mermelada, tan sabroso como sorprendente. Y la ensaladilla rusa. Y cualquier otra cosa que pidan. Fantásticos días de vino y rosas tan sabrosos como disfrutones.

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