Vuelven recetas de siempre

PABLO AMATE

Nunca se fueron. El sino psicológico que está causando el Covid -19, hace que mentalmente nos refugiemos en nuestra memorial sensorial. Dejarnos arropar por olores y sabores que nos aportan seguridad emocional. Olor a casa de padres y familia. Aquellos efluvios latentes en nuestra retentiva, siempre presentes. La comida, sabor y aroma, es señera. Al ver que Daviz Muñoz, el cocinero de «la Pedroche» anunciaba «donuts». Me recordó a Dani García publicitando hamburguesas de una franquicia. Todo por «la pasta». La situación que vivimos hace que se nos quite tanta tontería.

Sabores imperecederos

Oí en la radio matinal, como una señora joven guisaba platos de «casa» enviados a domicilio. No había inventado la pólvora. Solo las recetas primigenias y verídicas. Con todo sus matices sensoriales de verdad. No pone colorante artificial, potenciador de sabor, grasas insanas. Fui a su web y leí con detalle sus propuestas cocineriles. Hoy día, en España más de cuatro millones de personas viven solas. La dura normativa – lógica- de prohibir la convivencia social. El trato entre no convivientes, impide que una persona, aunque viva sola, invite a sus amigos a casa para comer alubias con chorizo. O acudir a compartir la carne mechada con salsa de cebolla al brandy que a Emilia le sale de rechupete.

Pavo trufado siempre

Su propuesta de pavo trufado atrapó mi atención. Receta granadina, que no concibo poder gozar solo en Navidad. Emilia lo hace todo el año. Para júbilo de mis papilas gustativas y oyendo su receta recordé el de la ilustrísima Carmen Monerrí, con arte coquinario. Técnicas, proporciones, puntos de cocción, etc, etc. Ahora puede cualquier día del año comer pavo trufado, pidiendo a la Alacena del Ángel. Se imagina guisar para solo dos personas un faisán al vino 1847, pechugas de pollo en escabeche. Se que no me voy a poner a guisar rollitos de ternera al brandy, albóndigas en salsa de almendras, pastel nazarí (pástela), costillas al tomillo o lomo en manteca, entre muchos platos. Es demasiada cantidad, si se hace menos, se reseca.

Potaje de espinacas

No hace mucho comí un excelso potaje de garbanzos y espinacas. No tuve que ir a una venta o casa de comidas. Lo disfrute en La Moraleja, Madrid. Uno de los sitios más pijos de España. Restaurante elegante, gente guapa y gloria bendita a buen precio. Antes o lo hacían en algún pueblo o cocinera antigua. Aún tengo la sonrisa de placer con el buen sabor. A la fecha de hoy la pandemia sigue y los núcleos familiares se han reducido a dos o monoparentales. Con este panorama abrumador, sicológicamente. Se está forrando la cocina insana de mensajero. No por quien la hace. Por sus ingredientes. Demos alegría a los cuerpos sin esperar fechas concretas. Disfrute el momento y cuídense.