Carta de amor a un bar: La Brujidera

Volveré a esta taberna de la calle Monjas del Carmen porque tiene clase, muchos vinos y buen jamón

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En la barra de La Brujidera están dispuestas en tablillas las listas de los vinos que sirven.
En la barra de La Brujidera están dispuestas en tablillas las listas de los vinos que sirven. . (Sergio G. Hueso)

Querida Casa de Vinos La Brujidera.

¡Quién me hubiera confinado allí estas semanas! Con tus vinos generosos, las latas de conservas o esas tablas de embutido ibérico que tan dichoso me habrían hecho mientras peleaba con el teletrabajo o un virus al que he burlado contra todo pronóstico.

Han sido tres meses duros, de mí sin ti, pero también de ti sin mí. El otro día me escapé a verte, a la angosta calle de las Monjas del Carmen. Y allí estabas, taberna mía, triste y sola. Me pareció ver cómo arreglaban tu vieja puerta, esa que tantas veces he cruzado, solo y acompañado. Pero siempre feliz. Recuerdo allí citas que acabaron mal, besos de tornillo, combates dialécticos descarnados o pleitos psicológicos con el vecino de mesa por un centímetro de espacio. De aire.

Ya no hará falta cuando volvamos, pero aún así volveré, una y otra vez. Porque me muero de ganas de dar viajes a tu barra, de probar la última novedad de la bodega o de apoyar la cabeza en esa pared de madera añeja que sirve de brújula tras el primer trago de oloroso.

La Brujidera, qué nombre tan bonito.

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