Carta de amor a un bar: La Brujidera
Volveré a esta taberna de la calle Monjas del Carmen porque tiene clase, muchos vinos y buen jamón
Querida Casa de Vinos La Brujidera.
¡Quién me hubiera confinado allí estas semanas! Con tus vinos generosos, las latas de conservas o esas tablas de embutido ibérico que tan dichoso me habrían hecho mientras peleaba con el teletrabajo o un virus al que he burlado contra todo pronóstico.
Han sido tres meses duros, de mí sin ti, pero también de ti sin mí. El otro día me escapé a verte, a la angosta calle de las Monjas del Carmen. Y allí estabas, taberna mía, triste y sola. Me pareció ver cómo arreglaban tu vieja puerta, esa que tantas veces he cruzado, solo y acompañado. Pero siempre feliz. Recuerdo allí citas que acabaron mal, besos de tornillo, combates dialécticos descarnados o pleitos psicológicos con el vecino de mesa por un centímetro de espacio. De aire.
Ya no hará falta cuando volvamos, pero aún así volveré, una y otra vez. Porque me muero de ganas de dar viajes a tu barra, de probar la última novedad de la bodega o de apoyar la cabeza en esa pared de madera añeja que sirve de brújula tras el primer trago de oloroso.
La Brujidera, qué nombre tan bonito.
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