Cómo desayunar entre comilonas y no morir en el intento

La primera comida del día de Navidad, como la de Año Nuevo, no puede responder al modelo clásico de fruta, cereales y leche, sino que ha de ser más depurativa; salvo que se trate de un deportista o una persona mayor

FERMÍN APEZTEGUIA

Llegan los desayunos más entrañables –¡perdón!– complicados del año, que son los de Navidad y Año Nuevo. Hay quienes, y no son pocos, en un alarde de apetito festivo, comienzan el día metiéndose entre pecho y espalda una cazuelita de los caracoles que sobraron la noche anterior. O de txipirones en su tinta o cualquier otra cosa, preferiblemente de untar. Esto de las sobras es muy típico de nuestro país; y desde luego, seamos claros, saludable no es. Y hay también quienes se conjuran con el modelo clásico de primera comida y, ni que sean navidades ni nada, no perdonan: venga cereales, fruta y leche, que es lo que manda la dieta mediterránea.

Ni lo uno, ni lo otro. Después de una cena copiosa y a la espera de una comida del mismo calibre, se imponen un poco de racionalidad y depuración, a dosis iguales. Salvo, eso sí, que sea usted un buen ejemplo de persona sana y salga a quemar la última cena con un poco de ejercicio; o bien tengamos entre los nuestros a una persona mayor, merecedora como tal de los mimos y atenciones especiales de toda la familia. En ambos casos, la cosa cambia.

El desayuno entre zampadas tiene que ser fundamentalmente regenerador, según explica la médico nutricionista Carmen Pérez Rodrigo, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y profesora de la especialidad en la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). «Sería suficiente con un poco de líquido, algo como un café o mejor una infusión;y fruta, preferiblemente una pieza entera, porque estos días, lamentablemente, se suele prescindir de ella», detalla la especialista. Incluso, si en Navidad o Año Nuevo se olvida uno de desayunar, «no pasa nada», que el organismo tiene reservas suficientes como para llegar a la comida sin desfallecer.

Después de un atracón, que lamentablemente es así porque por mucho que uno intente cuidarse va a cenar más de lo habitual, carece de todo sentido desayunar como si se tratara de un día más. No lo es. Si no se sale a dar un paseo matinal o a hacer algo de ejercicio, el objetivo ya no puede ser despertar con un lácteo, fruta y cereales, por muy sanos y nada azucarados que sean. En lo que tenemos que pensar es en sanear el organismo.

Seamos sinceros y repasemos lo que la mayoría hacemos en estas fechas. Los días de Nochebuena y Nochevieja es muy probable que se trabaje y, si no es así, da igual. A mediodía, se sale con compañeros de trabajo o con amigos a tomar unos vinos que suelen ir acompañados de sus respectivos pintxitos y raciones variadas Entre 'Feliz Navidad' y 'Zorionak, un abrazo', calorías a tope que nos metemos para dentro. Después viene la cena. Pensemos que, en el mejor de los casos, el más saludable, queremos afrontar el desafío cuidándonos un poquito. Pues bien, aún así, nos jamaremos unos cuantos entrantes, le daremos buena cuenta a un segundo plato, algo de dulce y nos beberemos una copita de vino y otra de cava. «A tu salud», que no a la de uno, porque toda esa cena se sale ya del marco habitual. El desayuno carece de todo sentido.

Otra situación, bien distinta, es que uno decida comenzar la jornada festiva con un paseo o algo de ejercicio matinal para bajar la cena. ¡Estupendo! En ese supuesto, según recuerda la especialista, la primera ingesta del día puede ser más cercana a la habitual, en función de las necesidades calóricas de cada uno. Incluso siendo las fechas que son, un poco de chocolate caliente para celebrar la Navidad tampoco estaría mal. Pero, como regla general, no lo olvide: las navidades son fechas de «cenas y comidas hipercalóricas, con mucho dulce y abundante grasa;y de platos tradicionales» que a menudo son una bomba energética.

Los mayores, sobre todo con enfermedades crónicas, que deben seguir una pauta alimentaria y medicamentosa más estricta, son diferentes. Ese desayuno sí puede –y debería– ser un poco más especial que el de todos los días. Si incluye chocolate caliente, que les encanta, que sea con poco azúcar. Pero tampoco se vuelva loco. Con cuidarse un poco, superará el envite navideño con nota. ¡Felices fiestas!