Auténticos bares auténticos

Un repaso por algunos bares y restaurantes de la Costa Tropical granadina que, al margen de las modas, llevan la autenticidad por bandera

Las ensaladas tropicales de Petra, ideales para combatir el calor/J. L.
Las ensaladas tropicales de Petra, ideales para combatir el calor / J. L.
JESÚS LENS

Una vez, de viaje por Jordania, se me acercó un tipo enjuto y, con disimulo, me animó a ver el material que llevaba envuelto en un trapo. Según él, eran auténticas antigüedades. Al enseñármelas, vi las mismas reproducciones que se podían encontrar en el resto de puestos de souvenirs de los alrededores de Petra, sólo que cubiertas con rastros de tierra. Acabamos ambos riendo, después de definirlas como 'auténticas falsas antigüedades'… y de comprarle un par de ellas.

En el mundo de la restauración también hay muchos locales que van de auténticos, pero a la hora de la verdad… Estos días he aprovechado la celebración del festival Jazz en la Costa de Almuñécar para visitar algunos bares de Motril, Almuñécar y Salobreña que sí pueden presumir de ser auténticamente auténticos. También tuve la desdicha de caer en un gastrobar con mucho perifollo y unas gambas que sabían a plástico, pero esa es otra historia.

Primera parada: las frituras de 'Lute y Jesús', a orilla del parque del Majuelo donde se celebran los conciertos de jazz. En los últimos años han abierto sucursal en diversos puntos de la Costa Tropical donde venden cartuchos de 'pescaíto' frito. Esos no los he probado, pero el local original y primigenio sigue siendo un clásico a la hora de servir boquerones, salmonetes y mi favorito: el cazón bien adobado. Todo ello a una velocidad de vértigo y con una escrupulosa profesionalidad, que la rotación de sus mesas resulta envidiable. Consejo: el tomate con cebolleta y aguacate, para hacer boca. La sencillez como manjar.

En Salobreña, resulta obligatorio pasarse por El Mesón de la Villa, uno de esos establecimientos con alma, abierto desde 1994. Petra y Ernesto son un referente que, a la chita callando y de forma discreta, se han convertido en referente de la Costa Tropical por sus pescados, tanto fritos como a la plancha. Y por los bacalaos que borda Petra. Pero como no sólo de pescado se puede vivir en verano, sus carnes también son un lujo —¡esas chuletillas empanadas!— hasta el punto de que no es raro ver a los comensales disfrutar de una cazuela de callos en plena canícula veraniega.

Estos días de tórrido calor, resultan especialmente apetecibles las fastuosas ensaladas tropicales surgidas de la fértil imaginación de Petra, a quien le gusta improvisar con los productos de temporada y con la fruta y verdura fresca que encuentra cada día en el mercado. Un cúmulo de sensaciones de lo más sabroso y refrescante, ahora que arrecia el calor.

También en Salobreña, aunque situado en La Caleta, abre sus puertas La Rebeca, una gran casa con hechuras de cortijo y aroma a venta gaditana, exudando flamenco por los cuatro costados. Por un problema de entendimiento horario, nos quedamos sin probar sus 'espichás', que tenían una pinta extraordinaria. Se han quedado pendientes para una próxima ocasión. Y eso que, además de las más comunes 'espichás' de boquerón, las hay tan peculiares como la de la pintarraja. Todo un exotismo.

Beber cerveza escuchando cantar a Camarón mientras Tomatito rasguea su guitarra, tapear con unas chacinas o unas quisquillas sentados en una mesa alta y devolver el atento saludo de todos los parroquianos que entran y salen de La Rebeca es uno de esos placeres sencillos de la vida que te reconcilian con el arte de salir de cañas.

Para el final me he dejado 'La Lonja' del puerto de Motril, posiblemente el secreto mejor guardado de la Costa Tropical… ¡y el más conocido, también! Se trata de un garito tan auténtico y con tanto sabor que pensé no descubrírselo a nadie. Sin embargo, desde que mi Cuate Pepe me lo mostró, he encontrado a tanta gente que lo conoce que, como en las comedias de enredo, tengo la sensación de haber sido el último en enterarme.

Cuando escribo que La Lonja está en el puerto de Motril no es ningún eufemismo: se encuentra en el interior del recinto pesquero, pared con pared con la lonja de la que toma prestado su nombre. Abre tan a primera hora de la mañana que el sol no sabe si tiene que salir o se acaba de poner, y sus tapas de caballa, boquerones y sardinas no tienen parangón: más frescas y saltan de la plancha de vuelta al mar.

Por la tarde-noche hay frituras y nunca faltan un buen jamón y un queso poderoso en la cocina: a los pescadores que vuelven de faenar, comer pescado no es lo que más les apetece, precisamente. Si les gustan los garitos auténticos, con raigambre, historia y tradición; estos que les descrito son una inmejorable y sabrosa opción. Y barata, ojo. ¡Disfruten!