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Sr. García
Ferrán desencadenado
Un comino

Ferrán desencadenado

Benjamín Lana

Viernes, 19 de mayo 2023, 00:18

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Pensar en elBulli sin Ferran Adrià es un imposible, pero hacerlo en Adrià sin el mítico restaurante, no. Con nuestra actual percepción del hombre y su obra parece difícil, claro que sí, pero no irrealizable. Los retos al filo de imposible son los que siempre han empujado al mundo, como si cada uno de ellos fuera una espuela que se clava en el planeta y le obliga a moverse más rápido por un rato.

Si Ferran Adrià es un intelectual, algo indiscutible a estas alturas, creo yo, está en el momento de plenitud mental para su oficio de pensador. Sesenta años es edad fértil y de continuar en el tajo, al menos si seguimos las recomendaciones del actual ministro de Trabajo. Dicen los expertos que no podemos pensar más en la idea de un mismo desempeño para toda la vida y, menos aún, en una empresa única hasta la jubilación. Siendo así, ¿por qué no imaginar a Adrià en otras lides sin la cabeza del bulldog impresa en su camiseta negra? Con la inauguración del museo elBulli1846 dentro de un mes se cierra el círculo sobre su obra y la primera parte de su vida.

¿Y ahora? Me viene a la cabeza el título de Tarantino: 'Ferran desencadenado'. Desencadenar es soltar las cadenas, pero también provocar o iniciar una serie de hechos relevantes, apasionados y hasta violentos, como las revoluciones de las que saben mucho tanto el cineasta como el chef. Liberarse de sí mismo sin necesidad de cambiarse de nombre ni hacerse la cirugía plástica.

Ferran nos dice a unos y a otros con los que viene hablando últimamente que todavía no ha deshojado la margarita, como sea que eso ocurra en su imbricado cerebro, pero no niega ni en voz baja ni en voz alta que ya está en búsqueda de su siguiente camino. «No sé qué haré. Sinceramente, no lo sé. Y no me preocupa», le dijo hace unos días a Ignacio Medina. Pero a algunos de nosotros, sí. La mayor ilusión de los mortales que le admiramos sería poder volver a verle en una cocina.

Disrupción

Si fuera un músico de jazz sería sencillo. Tanto como crear una nueva banda experimental y comenzar a trabajar en la búsqueda de un nuevo estilo, tratando de llevar lo existente un poco más allá. Miles Davis, otro de los grandes en lo suyo, podía estar inventando el modal jazz a finales de los cincuenta y coqueteando con el rock y ayudando a la generación de jóvenes que surgía en los ochenta. Inyectar disrupción a lo largo de décadas no está al alcance de cualquiera, pero sí de algunos genios.

Quizás por esta posibilidad, remota pero existente, de todo un día con Ferran hablando y caminando por las nuevas instalaciones del museo elBulli1846, lo que más me impactó, la frase que siguió martilleando varios días en mi cabeza, fue su confesión del deseo de verse de nuevo –algo que había rechazado durante más de una década– sobre un restaurante-escenario con público real, tocando, como Miles, con algún joven, sin eclipsarlo, solo ayudándole a crear: «No me importaría ponerme en la cocina a ayudar a un chico o una chica jóvenes, solo para llevar la parte creativa, ahí detrás, sin salir», me confesó.

El legado de elBulli ya está a salvo en su casa del Parque Natural del Cap de Creus. Su aportación eterna a la cocina y el conocimiento que se está recopilando y sistematizando en la Bullipedia, sigue su proceso de redacción y edición en una titánica labor altruista a la que aún le quedan años. Las técnicas que inventaron quedarán pronto anticuadas, pero no el modo de pensar que llevó a crearlas, aquel que preconiza cuestionárselo todo.

…Dos años y medio después

Pasados los fastos de la inauguración del museo y todo el 'revival' bulliniano que se produjo durante los meses siguientes de junio de 2023, Ferran Adrià volvió a desaparecer de los medios. Han pasado más de dos años de aquello. Estamos ya en 2026 y el año de limpieza e inspiración que iba a pasar en China se han convertido en dos, como tantas veces. Ni Isabel Pérez Barceló, su mujer, ni quizás él mismo saben con exactitud lo que va a pasar de vuelta en Barcelona. Su hermano Alberto y sus compañeros de toda la vida, los dos luises y Ernest, los que se quedaron a cargo de la Fundación, algo intuyen por lo que han ido hablando en los últimos meses, pero desconocen el modo concreto en que eclosionarán todas las vivencias y conocimiento de la cultura china que le han empapado hasta la médula. Se le ve ágil y rápido, con ese brillo en los ojos que ponía a temblar a todos en elBulli por la que se avecinaba. Está feliz porque ha regresado con muchas preguntas, el tesoro más valioso para él, y con dos jóvenes orientales que aún nadie conoce. «Pasión antes que creatividad, esa es la nueva ecuación», les dice a los suyos.

¿Se imaginan algo así?

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