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Sr García
Volver a cala Montjoi
Un comino

Volver a cala Montjoi

Benjamón Lana

Viernes, 21 de abril 2023, 08:59

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Los que han conocido a Ferran Adrià saben que es un tipo singular que va por la vida haciéndose preguntas. Su particularidad llega a tal extremo que podríamos decir sin exagerar que nos encontramos ante el español de su generación más influyente en el mundo. No hay ningún otro deportista, científico, artista o profesional que haya logrado romper los límites de su disciplina como él lo hizo con la cocina. Cerró elBulli, el restaurante que lo cambió todo en aquellas dos décadas prodigiosas a caballo del siglo XX y el XXI, cuando estaba en lo más alto, y se dedicó a asuntos menos vistosos y de más difícil comprensión para el público. Aunque su actividad y la de su fundación ha sido intensa (ha impartido más de 500 conferencias y Bullipedia, el mayor compendio de conocimiento culinario sistematizado y actualizado, es ya una realidad), poca gente había entendido bien la dimensión de lo que estaban construyendo. ¿Qué hace Ferran ahora? ¿Qué es eso de elBulli fundation? ¿Pero dan de comer en lo de Cala Montjoi o qué pasa allí? No ha habido semana desde que anunciara el cierre en aquel Madrid Fusión de 2010 en la que alguien no ha preguntado algo por el estilo.

La respuesta está en Cala Montjoi. Ferran Adrià, L'Hospitalet de Llobregat, 1962, recibe de negro, radiante y feliz a los primeros privilegiados visitantes de elBulli 1846, el museo que abrirá sus puertas el próximo 15 de junio tras muchos años de pensamiento y de obras en la mítica casa del corazón del Cap de Creus. Lo primero que los visitantes encuentran es el pensamiento de Ferran y su gente, el legado, materializado físicamente en esculturas de acero corten, paneles y diagramas. Lo abstracto e intelectual vuelto materia, dicho de otro modo. Más allá, el edificio histórico, reconstruido prácticamente en su totalidad para dejarlo idéntico a como fue, con toda la nostalgia prendida, como si se hubiera quedado sin recoger y sin clientes tras un servicio. La mítica terraza sobre la playa se mantiene intacta y también la disposición de aquellas mesas que otrora fueran las más deseadas del mundo. Huele a revolución y a rock.

Tres meses

Por encima, hacia la colina, se oculta un espacio multiusos nuevo, casi incrustado en el roquedo, como una gran piedra más. La gran sala que oculta servirá como último estadio y colofón para resumir y recordar los principales conceptos y valores que deja el bullinismo y su museo. Eso durante los tres meses veraniegos en los que el complejo esté abierto al público, porque el resto del tiempo se convertirá en el centro de trabajo de los talentos que la fundación selecciona y reúne varias veces al año en sus convocatorias de formación en innovación.

La apuesta museística de Adrià, clásica e intelectualmente exigente, y la ampliación y adaptación de todo el entorno a los requerimientos de un parque natural ha costado once millones de euros. Son casi 4.000 metros dedicados a salvaguardar la memoria de lo que ocurrió y de las personas que por allí pasaron, pero sobre todo consagrados al conocimiento y la innovación, las dos obsesiones ferranianas.

En el paseo que lleva desde el nuevo aparcamiento del museo hasta la casa juguetean la prehistoria con el arte y con la ciencia, el ADN de la restauración gastronómica y las herramientas para poder comprender. Ferran martillea y bromea al tiempo con los visitantes, compañeros de batallas gastronómicas en su mayoría, con fuerza y lucidez, sin dejar de comportarse como el viejo profesor que es capaz de explicar con soltura los conceptos más complejos ¿Qué diferencia hay entre creación e innovación? ¿Por qué los artistas y los cocineros no dicen que innovan y sí que crean…?, ¿Vale o no?

El objetivo que se plantea el museo, bautizado como elBulli 1846 para rememorar los platos que se allí se crearon y, recordar la fecha de nacimiento de Auguste Escoffier, el padre de la cocina contemporánea, disruptor donde los hubo como el catalán, será en lo sucesivo el proyecto con más visibilidad de la fundación. Salvaguarda así el legado de elBulli como espacio y fondo documental y se comparte la experiencia que allí se vivió en innovación y creatividad. Vuelve elBulli, aunque ahora, como él dice, «se comerá conocimiento».

Volver a cocinar

Mientras los profesionales de la cocina y los aficionados de todo el mundo se aprestan para poder volver al mítico lugar, cuando por fin el trabajo ingente materializado en museo empieza a ver la luz, la cabeza de Ferran se permite ir a lo siguiente. Debía preservar el legado de elBulli, dejar en herencia una manera de comprender el mundo y herramientas para elevar la cocina a las disciplinas más reconocidas y eso parece haberlo logrado.

Ahora, por primera vez desde que cerrara elBulli Ferran Adrià no descarta volver a crear platos. Estábamos en un momento distendido de la conversación cuando afirma: «pues no me importaría ponerme en la cocina a ayudar a un chico o una chica jóvenes, solo para llevar la parte creativa, ahí detrás, sin salir, solo en la cocina». Y se queda pensando unos segundos: «La verdad es que ahora –y señala con las manos el flamante museo a punto de inaugurarse– no digo que no, no me importaría volver».

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