Entre los desayunos y los menús del día

Entre los desayunos y los menús del día

No me canso de recordar que la comida más importante del día es la 'prima colazione', como la llaman los italianos. O en el caso francés, que le dicen a su desayuno 'petit déjeuner', el pequeño almuerzo

PABLO AMATE

No confundir el almuerzo de media mañana de muchas partes de España. Hay muchos tipos de desayuno. Recuerdo hace muchos años, cuando la carretera a Guadix era de una sola vía, endemoniada por sus puertos y su trazado. Se cruzaba el pueblo y paré a desayunar en un bar antes de pasar por la avenida Obispo Medina Olmos, de difícil aparcamiento. Varios lugareños estaban en la barra, donde me acomodé y pedí un café largo, en taza, y una tostada, mirando el que se 'metía' mi vecino de mostrador. Se me descolgó la cara al ver llegar para mí un café con leche en vaso y una rebanada de pan de molde con un paquetito de mantequilla y otro de mermelada de melocotón .

Comer o no comer

Volví a mirar la enjundia del condumio que tenía el parroquiano contiguo. Llamé a la camarera y, con amabilidad y una cara de pena que no se me iba; exclamé tenuemente: «Yo también soy criatura». Al principio, la camarera no me entendió. Pero al señalar y comparar los dos tipos de desayunos, comprendió. Le dije que de guiri tenía poco, aunque mis ojos son de una belleza especial –olé, olé y olé– y quizás eso la había confundido, como la noche a Dinio. La mozuela, que seguro llevaba horas levantada, me echó una mirada que me produjo divieso interior. Aun así, le dije que yo también quería pan de Guadix (muy bueno), lonchas de panceta veteada pasadas por sartén sin aceite y un café grande y sin leche.

Alcudia de Guadix

Lo pensó un momento, echó otro vistazo a mi cara de aflicción con mis ojos antes descritos –no conviene abusar, ja, ja– y recogió la rebanada de Bimbo. Desayuné como el compadre que estaba a mi lado en el bar. Siguiendo con los desayunos opíparos, no se pierdan los de Panadería Sierra, en Alcudia, que abrió sede en Guadix. Sus inmensas tostadas, llamadas 'alpargatas', los churros y si queda corto, tome sus panes, bollos, dulces, tartas y hasta platos combinados. Las tostadas puede pedirlas con todo lo que pueda imaginar. Hacen saltar las lagrimas.

Almuerzo español

Cuando la mayoría del trabajo se basaba en el esfuerzo físico de los humanos que se levantaban antes del alba, era loables los 'almuerzos' del Levante español, desde Figueras hasta Adra; más o menos. Lo que en algunos puntos de España se llama 'la hora del bocadillo', o 'el desayuno de los funcionarios', pues hay ciertos lugares donde la pitanza, a eso de las diez de la mañana, llega la nada evanescente colación. En Vía Layetana, casi enfrente de la comisaría central, había una cafetería donde hice la prima experiencia, casi religiosa, hace más de cuarenta años. Mis compañeros y yo nos echamos al coleto unas 'medianas' (tercio de cerveza) con cuñas surtidas en sabores de tortilla de patatas. Disponían de repertorio de pinchos con atún, huevo duro, pimientos fritos, calamares a la romana e inmensas tostadas de sobrasada, patés, morcilla de Burgos o queso del Pirineo.

Sardinas asadas

Puede parecer estrambótico el sucedido que disfruté en Murcia. Son las diez y media de la mañana y salen señores con traje y corbata de entidades bancarias en la calle Trapería. Recalan en diferentes cafeterías. No se levantaron cuando aún era noche, ni habían descargado un camión de sacos de cemento. Su desayuno, sin embargo, ni remotamente es un mero tentempié. Los clientes pidieron unas sardinas asadas y unos 'chaticos' de vino de Jumilla. El de aquellos tiempos. Complementaron con unas rebanadas de pan tostado y restregado con tomate. Y al remate, un café con leche. Final de la refacción y vuelta a su silla y mesa de trabajo.

Tres cultura

Recuerdo ciertos bares, más bien tabernas, de Sevilla. Abrían temprano para los trabajadores que faenaban pronto. La representación de las cuatro culturas que convivieron y espero que vuelvan a convivir. A disposición de la clientela, que tras disponer de sus molletes o panes tostados puede elegir y servirse a su gusto: manteca colorá, zurrapas, mantequilla, sobrasada, paté La Piara, manteca de cerdo, margarina o aceite de oliva. Un festín pantagruélico, aun superable con una tostada de 'pringá'. Asunto que dejamos para otro día.

Bufé de hotel

El motivo de poner en todos los hoteles de 3 y 4 estrellas este servicio, donde se llena el ojo antes que la tripa y se desperdicia mucha comida, no es favorecer al cliente: se trata de abaratar y quitar personal de servicio. En los hoteles sale más barato poner mucha comida y tirar bastante de ella que pagar tres o cuatro sueldos más. El desayuno se convierte en un desfile de personas, algunas con legañas, que miran, callan y no piensan. Sólo los colores y efluvios los va moviendo entre luces potentes, estudiadas para realzar alimentos de coste bajo–medio. El café, los zumos y demás son simulacros. Y la calidad de los productos definen por sí mismos dónde nos hemos metido.

Menú del día

La crisis aquella donde las grandes empresas bajaron el sueldo a sus empleados y echaron a miles, pero como muchos políticos, ellos se subieron el sueldo. Y los restaurantes volvieron a poner un menú del día. En bastantes casos, negocios donde comer controlando no bajaba de 50/60 €, hoy día mantienen menús de 10 a 15 €, con una botella de vino, aunque vaya una sola persona. El otro día, en Madrid, me apeteció tomar el famoso chucrut –codillo– del legendario Edelweiss, a espaldas del Congreso de los Diputados. Sorpresa: no estaba aquella pesada cortina con ribetes brillantes del uso.

Sonrisas filipinas

¿Recuerdan la película 'Sonrisas y lágrimas'? En ella cantan la bella canción que da nombre a este antiguo restaurante madrileño. Pero ahora había mucha luz en los comedores, aun lloviendo fuerte en Madrid. Las ventanas no tenían visillos para difuminar los rostros de los espías nazis en la Guerra Civil. Hoy, todo el servicio es filipino. No quedan aquellos vetustos mozos de comedor, con delantal blanco hasta los pies. La carta es española mediterránea. Si bien mantienen el codillo, salchichas y algo más. Tomé, para mi asombro, un menú de 11,65 €. Solo me gustó el fricandó de ternera, pero tampoco lo terminé. Los restaurantes no sólo son comida. Son historia, imaginación y la pátina que los envuelve. Adiós Edelweiss.

Raffles y Singapur

Con la excusa de que este fin de semana se celebra la Fórmula 1 en Singapur, un país que conozco bien tras cuatro años de ir y venir, quiero hablar del Raffles en nuestro recorrido por hoteles del mundo que forman parte de la historia. Hoy existen en Singapur alojamientos con las nunca imaginadas instalaciones, vistas, domótica, lujo, exuberancia, fruición y deleite jamás concebidos. Pero Singapur es el Raffles, un hotel colonial construido en tiempos de los ingleses. Ellos crearon un cóctel dulzón, famoso en el mundo, que nunca tomo. Lo dejo para los turistas y recuerdo una observación leída en el odiado–querido ciberespacio: 'En el Long Bar debe tomar un Sling y perseguir sombras del pasado'. Prefiero un gintonic, con mucha ginebra, ligero toque de tónica y sólo un hielo.