EMPANADA DE ANGULAS

CARLOS MARIBONA

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Comía la pasada semana en el Mesón Centro, en el bonito pueblo pesquero de Puerto de Vega, en el Occidente de Asturias. Y charlando en la sobremesa con sus propietarios, Mary y Mon, surgió el tema de las angulas. Ya saben, llegan las celebraciones navideñas y esos alevines de anguila se convierten en cotizado objeto de deseo. El hostelero me habló de un plato que tomaba cuando era niño y del que yo no tenía noticia alguna. Desgraciadamente parece ser ya una rareza de otros tiempos. Les hablo de la empanada de angulas. Suena bien, ¿verdad?

Me contaba Mon de la abundancia de angulas que habĆ­a en esa zona, especialmente en la vecina rĆ­a de Navia. Tanta, que se sacaban a cubos y muchas de ellas acababan siendo alimento para cerdos, gallinas o gatos. Para aprovecharlas, en las familias modestas era habitual comerlas de muy distintas formas. Una bastante frecuente era en tortilla. Y otra, en una empanada cuya masa se hacĆ­a con una mezcla de harinas de maĆ­z y de trigo.

Nunca había oído hablar de esa empanada y me llamó la atención. Busqué sin éxito referencias escritas así que me permití adentrarme en los terrenos de mi admirada Ana Vega. Pregunté en las redes sociales pero ni siquiera la propia 'Biscayenne', enciclopedia andante en lo que a historia de la gastronomía se refiere, supo darme noticia de ella. Pero sí me sirvió para aprender mucho sobre angulas, su abundancia en los ríos gallegos, asturianos y cÔntabros y el escaso valor que se les daba hasta hace muy poquito tiempo. Salvo en Bizkaia, claro, donde ya se consideraban un manjar a finales del siglo XIX. Fueron precisamente los vizcaínos los que fomentaron su consumo.

Ni siquiera se apreciaban en Madrid. Antonio Díaz Cañabate, en un artículo publicado en 'ABC' a principios de los años 70, escribió que Julio Camba le había contado que antes de la Guerra Civil, en la capital, los que comían angulas eran los albañiles, que las tomaban en cazuelas con abundante pimentón.

Por aquel entonces, estas angulas no se servían en ninguna mesa «de mediano pelo» porque «no pasaban de ser unos fideos secos que sin la guindilla no sabrían a nada». Por eso no se cotizaban en el mercado y eran un plato de los mÔs baratos. Como ven, las cosas han cambiado mucho. Por cierto, esa empanada de angulas ha existido.

Todavƭa hay quien recuerda haberla tomado en el Occidente de Asturias y en algunos pueblos a orillas del MiƱo allƔ por los aƱos 70. Debƭa estar muy buena, aunque los que entonces la comƭan no le daban la importancia que ahora tendrƭa. Seguro que a ustedes les gustarƭa probarla. A mƭ tambiƩn.

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