A las puertas del hotel Le Domaine en las bodegas Abadía Retuerta, en Sardón de Duero, Valladolid. / EL NORTE DE CASTILLA

Lujo en la Ribera del Duero

CARLOS MARIBONA

Es uno de los mejores y más bonitos hoteles de cuantos conozco. Le Domaine forma parte de Abadía Retuerta, un proyecto integral a muy pocos kilómetros de Valladolid, en Sardón de Duero, que comenzó hace más de dos décadas con una bodega en la que se elaboran vinos de alta calidad, recompensados hace pocos días con la exclusiva denominación Vino de Pago. En el entorno se ha hecho una apuesta decidida por la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente. Y finalmente, hace diez años, llegó la apertura del hotel en un monasterio del siglo XII rehabilitado sin reparar en gastos. Estos días han celebrado ese décimo aniversario con una cena que algunos privilegiados pudimos disfrutar el pasado fin de semana.

Le Domaine representa el auténtico lujo. El que no es ostentoso y que se basa en los detalles, en el espacio y en la atención personalizada. La rehabilitación del monasterio románico ha sido espléndida. La muestra de obras de arte que acoge, procedentes de la colección de Novartis, espectacular. Los espacios, cuidadísimos. La tranquilidad, absoluta. El spa, de categoría. Y el trato al huésped, impecable. Un sitio para perderse al menos un fin de semana en la vida.

Por si todo esto fuera poco, el hotel cuenta con un restaurante de mucho nivel, Refectorio, que ostenta una estrella Michelin desde 2014, más otra verde por su compromiso medioambiental. En el antiguo comedor de los monjes se sirve la notable cocina de Marc Segarra. Con el plus de tener como director y sumiller a unos de los mejores profesionales de sala españoles, Agustí Peris.

Segarra apuesta de manera decidida por el entorno, por el producto local, entendiendo como tal el de toda Castilla y León. Así lo atestigua el mapa que hay en la cocina, con el origen de todos los que el chef trabaja. En total 35 proveedores situados en un radio de cien kilómetros, además de las verduras de la magnífica huerta que hay en la parte trasera del Monasterio, junto al río, donde los monjes ya tenían la suya.

La experiencia se completa con un recorrido por la extensa finca, con sus árboles centenarios y con los viñedos que se extienden por ella, con más de una veintena de variedades de uva, varias experimentales como la touriga o la nebiolo, con las que el enólogo Ángel Anocíbar elabora los sobresalientes vinos de Abadía Retuerta.