Madrid, Tánger, Montecarlo

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Madrid, Tánger, Montecarlo

benjamín lana

Mientras en términos hosteleros el país sufre que sufre, la capital parece un oasis, un protectorado internacional al estilo del viejo Tánger lleno de vida ... y gente que disfruta, viene y va. El que no ha podido sentarse en sus terrazas en estos meses lo tiene en su lista de pendientes como en los 90 ir a Nueva York. No para hacer el loco como aquellos franceses que sacaban en algunas teles una y otra vez antes de Semana Santa, sino simplemente para poder sentarse a cenar con amigos en un restaurante y llegar feliz a casa cuando ya ha anochecido. El que por motivos laborales o los que fuesen –asumamos que todos dentro de la legalidad vigente– ha podido acercarse a la villa y corte vuelve a su casa a ratos boquiabierto a ratos cabreado con sus políticos regionales por mantenerles cerrados y oscuros desde las seis de la tarde.

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