Con Pepe Carvalho, mirando a la Vega

A la derecha, en las alturas, Arriaga; al fondo, nace la Vega./ALFREDO AGUILAR
A la derecha, en las alturas, Arriaga; al fondo, nace la Vega. / ALFREDO AGUILAR

El atípico detective pasó hace poco por Granada. Visitó un restaurante en las alturas a cuyos pies se rinde toda la Vega...

JESÚS LENS

La pasada semana les hablaba de la visita que Hannibal Lecter hizo a Granada en sus años de mocedad. Estuvo en las cuevas del Sacromonte y allí descubrió la mítica tortilla que lleva el nombre del barrio de los gitanos, haciéndola suya y llevándola con él a los Estados Unidos.

Hoy les desvelo otro secreto: hace unos meses, otro mítico personaje de la cultura popular estuvo en Granada, entregándose a los placeres de nuestra gastronomía. Se trata, además, de un gran aficionado a la cocina: el detective Pepe Carvalho.

¿Conocen ustedes a Carvalho? A alguno de los dos, quiero decir. Porque al Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán se le ha sumado, este año, el Carvalho de Carlos Zanón. Un mismo personaje. Dos personalidades, dos tiempos, dos épocas distintas.

En 'Problemas de identidad' nos reencontramos con un Carvalho contemporáneo que, a caballo entre Madrid y Barcelona, asiste incrédulo a la deriva del procés, al auge -tiranía casi- de los dispositivos móviles... y a la popularización de concursos de cocina como Masterchef. Un Carvalho entre enamorado y descreído, también reflexivo y memorioso. Por ejemplo, en el siguiente pasaje, en que le encontramos achispado, compartiendo tragos con un tal Subirats, mientras mantienen el siguiente diálogo:

«-¿Y respecto al menú...? Va, te doy pistas. Desde el restaurante se ve la Vega. En lo más alto. Sé que has ido, Carvalho. Yo también. Separados. Yo con una novia, tú, solo. No hace mucho. Creo. Pero de eso no estoy seguro.

-Granada. Álvaro Arriaga. Edificio del Museo Memoria de Andalucía.

Ahora es Subirats quien aplaude».

Efectivamente: Carvalho estuvo recientemente en Granada. Y le descubrimos comiendo en el restaurante de Álvaro Arriaga, extasiado ante de las vistas a la Vega durante una fría tarde de invierno, clara y transparente.

Fue una comida tranquila y relajada. Carvalho venía de Sevilla, acompañado de su autor de cabecera, Carlos Zanón. Y disfrutaron del menú preparado por uno de nuestros grandes chefs, utilizando buenos productos de temporada como las setas. Setas silvestres enterradas en un mar de 'arena' donde había que buscarlas entre hojas, morro ibérico confitado y cremoso de fécula.

Carvalho también se entregó a las verduras recién cosechadas en la vega granadina. Y al pan casero que sirve el equipo de Álvaro Arriaga, crujiente y humeante, recién horneado. Y al aceite de oliva virgen. También cayeron los chipirones de potera simplemente a la parrilla, camuflados entre las rocas de cebolla acompañadas de jugo de cebollas verdes quemadas a la brasa. Y el taco de ternera, cocinado durante las 40 horas necesarias para que sus fibras se deshagan en la boca.

De postre, el huevo estrellado, piedras de chocolate, fresas y su propia infusión. Se trata de una de las divertidas sorpresas del menú de Álvaro Arriaga: cascar unos huevos en el plato del comensal que asiste, atónito, a lo que podría parecer una temeridad. O un accidente. Que parezca un accidente, siempre...

Para recordar y olvidar

Qué importante ha sido la cocina para un Pepe Carvalho convencido de que hay que beber para recordar y comer para olvidar. O, como señala el periodista gastronómico Pau Arenós en el prólogo del libro 'Carvalho Gourmet', publicado por Planeta y en el que se recopilan algunas de las recetas preparadas o degustadas por el detective a lo largo de sus aventuras: «Las lecturas de las novelas criminales de Manuel Vázquez Montalbán son diversas y si superamos la parte estricta del entretenimiento, encontraremos un manual de historia contemporánea en el que la gastronomía representa un papel de personaje fijo... la cocina era cultura, era riqueza, era ideología, era ecología, era la nueva Vía Láctea en la que munir estrellas».

Sigamos profundizando en este juego entre personaje y autor. ¿Qué pensaba el propio Manuel Vázquez Montalbán de Carvalho como comensal? ¿Por qué, por ejemplo, le dedicaba tan poco cariño y espacio a los postres en sus digresiones gastronómicas? Atención a la explicación: «Este bárbaro vicio carvalhiano proviene de su filosofía compulsiva y devoradora. Platos hondos. A él le van los platos hondos, y si bien entre lo crudo y lo cocido elige lo cocido, entre lo dulce y lo salado se decanta por lo salado, prueba evidente de primitivismo, que impide homologar el paladar de Carvalho según los cánones del refinamiento». ¡Menuda andanada!

Terminamos con la gran pregunta: ¿cómo son las relaciones entre el Carvalho de Carlos Zanón, el Carvalho del siglo XXI, y la gastronomía? Leyendo 'Problemas de identidad', además de encontrarle con la vista puesta en la Vega de Granada, le descubriremos yéndose de tapas por diferentes garitos de Barcelona. Y disfrutando de una soberbia tortilla de patatas en un bar de batalla sin distinción alguna. ¿Ha cambiado Carvalho, también, gastronómicamente hablando?

En la Feria del Libro de Granada, que arranca hoy, tendremos ocasión de comprobarlo. Porque Carlos Zanón estará con nosotros el próximo miércoles y la cuestión gastronómica, pueden creerme, saldrá a relucir en la conversación.