Borrar
De todo un poco. P. A.
Una pregunta: ¿sabemos realmente lo que comemos?

Destinos con sabor

Una pregunta: ¿sabemos realmente lo que comemos?

Pablo Amate

Viernes, 3 de noviembre 2023, 00:02

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Al comer casi a diario en restaurantes, en algunos de media calidad, con elaboraciones cercanas y habituales como las de casa, son tan burdos y mala calidad, que estoy por vivir con la fiambrera –yo no llevo tarta– por Andalucía. Y digo nuestra maravillosa tierra, al ser donde más días paso al año. La subida de todo, muchísimo, hace imposible mantener calidades. De ahí el riesgo y pésimas elaboraciones. Llevo este año una amplio número de guisos y platos devueltos sin asombro de sus cocineros.

Perritos de Nueva York

La primera vez que fui a Nueva York no quise omitir ningún ritual. Y en pleno Lexington Av. compré de un desvencijado carrito mi primer y último bocadillo de perrito. Quemaba, flácido y goteaba un desconocido calducho sobre una olla humeante. Me supo a poco o a nada. Solo a mostaza y kétchup industrial, cuyos colores y olores chillones aportaban sabor. Ahí acabó mi relación con los perritos americanos. Tienen otras cosas mejores.

Qué es el surimi

Fue lo primero que se elaboró. Un producto que imita a la carne del cangrejo Royal, ese que tanto disfruto en mis estancias en Singapur. Lo pescan en océanos, siendo el plato nacional singapurés. El surimi es otra cosa. Se hace en realidad con restos de abadejo de Alaska. Dicen que fue creado por cocineros japoneses en el siglo XII, moliendo las sobras de pescado para utilizarlas al máximo de productividad. En la década de 1960, un químico japonés descubrió que al agregar azúcar al proceso tradicional de fabricación de surimi, podía estabilizar el producto, congelarlo y conservar su vida útil. Su descubrimiento lanzó lo que hoy es una industria global de millones de dólares.

Jurado de anguilas

He sido jurado del Concurso de Tui de la Angula (meixón) que se celebra en abril. Los restaurantes tudenses ofrecen raciones degustación. Lo protervo son sus precios. El alevín de la anguila escasea siempre. De modo que, tras años de catar angulas en el Parador de Tui, donde las había en todos los platos, menos al desayuno, me desagradó ver surgir una cosa que imita en forma y sabor a la soberana angula. Un quiero y no puedo. La gula, que con ayuda de elementos comestibles químicos consiguen el sabor y la textura del marisco. Como son y se hacen también los palitos de cangrejo.

La absurda gula

Creo que su publicidad confunde al consumidor. Llamar con nombre muy analógico al del un pez natural de muy alto precio, siendo la gula infinitamente barata, no cuadra. Y lo peor es que muchos restaurantes la sirven como si fuese materia prima tal cual y carísima en origen. Lo dicho: cuídense.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios