RAMEN, BAK KUT TEH Y OTRAS DELICIAS

Les invito a hacer un viaje gastronómico por el Lejano Oriente sin moverse de casa, dejándonos llevar a Japón y a Singapur gracias a la magia del cine y del cómic

RAMEN, BAK KUT TEH Y OTRAS DELICIAS
JESÚS LENS

El verano es la temporada viajera por excelencia y mucha gente decide su destino vacacional de acuerdo con sus preferencias gastronómicas. Descubrir nuevos sabores y ampliar los horizontes culinarios son objetivos cada vez más habituales a la hora de elegir a dónde viajar.

Japón y Singapur, por ejemplo, son dos países cuya tradición gastronómica justifica un viaje por sí misma. Dado que no están ahí al lado, precisamente, les invito a que los descubran a través de dos vehículos mucho más asequibles que el avión: el cine y los tebeos.

Busquen la película 'Una receta familiar', del director Eric Khoo. Debe seguir en las pantallas del cine Madrigal y posiblemente haya llegado a las plataformas de la televisión de pago. Se trata de una historia muy tierna protagonizada por Masato, un joven chef japonés especializado en ramen que decide viajar a Singapur siguiendo la huella y el recuerdo de sus padres. Se trata de un viaje culinario, dado que ambos progenitores eran cocineros y la comida fue clave en su unión.

A lo largo de la hora y media que dura la película, acompañaremos a Masato en un viaje emocional a la vez que gustativo. Pasamos de los restaurantes que tienen al ramen como plato principal de su menú a los que sirven el bak kut teh, considerado como la joya de la corona de la gastronomía de Singapur. Tal y como explica el director de la película, «me recuerda a mi infancia, de pequeño lo comíamos en familia una o dos veces por semana».

Como ocurre en tantas ocasiones, lo que hoy es un plato nacional nació de la pura necesidad: en los años 30 del siglo pasado, los trabajadores portuarios de Singapur hacían trabajos tan duros como mal pagados. Como apenas ganaban dinero, su alimentación era precaria, dado que no se podían permitir comprar carne o pescado. Ahí fue cuando decidieron utilizar el hueso del cerdo para hacer un caldo energético, mezclándolo con diferentes hierbas medicinales y ajo y pimienta para darle sabor. Un chute de energía que se fue popularizando hasta convertirse en el plato principal del país.

Bak kut se traduce, precisamente, como costilla de cerdo. El teh que acompaña al nombre del plato no hace referencia a las hierbas con que se guisa la carne, sino al té posterior con que se alarga la comida. Y es que, como bien explica uno de los personajes, comer no es sólo una cuestión física sino también emocional: es alrededor de la buena comida que se fraguan las mejores amistades... o los amores más apasionados.

'Una receta familiar' plantea una historia de búsqueda, perdón y reconciliación alrededor de la comida. El guion nos demuestra que, cocinar determinados platos que forman parte de nuestra tradición familiar, es una forma de honrar y recordar a quienes ya no nos acompañan. ¿Quién no ha sentido el hálito de una persona querida al comer su comida favorita, por ejemplo?

Además de su componente emocional, 'Una receta familiar' invita a explorar diferentes barrios gastronómicos de ciudades del Japón y Singapur. Todos los personajes son chefs, cocineros o camareros y pasan su vida entre las cocinas, las barras y las mesas de bares y restaurantes. De su mano conoceremos los mercados de abastos, los garitos de comida popular y las tiendas donde comprar las mejores especias.

La película también hace guiños a las nuevas tecnologías y a los canales de YouTube, a los foodies aficionados a Instagram y al turismo gastronómico. Hay secuencias que, visualmente, tienen aspecto documental y muestran la vida diaria en los mercados, los bares y los restaurantes de ciudades lejanas que, gracias al cine, nos resultan más cercanas y accesibles.

El gran mérito del director ha sido conseguir que las dos historias de 'Una receta familiar' vayan de la mano y que la parte gastronómica no sea un mero decorado, sino que sea esencial en la narración, de forma que, sin el juego de las recetas, la película no tendría sentido.

Dos consejos: por una parte, entren en el cine bien comidos o, en su defecto, reserven mesa en el restaurante japonés más cercano. Mientras estén viendo la película, sus jugos gástricos les avisarán de que la comida no puede entrar sólo por los ojos. Por otro lado: ¿se atreverán ustedes a preparar un bak kut teh? Porque su receta queda muy bien explicada en la película...

Y me he quedado sin espacio para hablarles del tebeo que quería recomendarles, 'La cantina de medianoche. Tokyo stories', de Yaro Abe, publicado por Astiberri. Casualmente, el director de 'Una receta familiar' adaptó al cine otro famoso manga japonés. Hablaremos de todo ello más adelante.