Viajes gourmet en familia

¿Quién soy yo para dar consejos? Jamás dogmatizo y menos aún me gusta hacer admoniciones, pero sí quiero ayudar con unas pistas, brindándoles información que puede resultarles útil para disfrutar de sus vacaciones. Es tiempo de viajar y, si les acompañan niños, no estará de más tomar algunas precauciones sencillas, pero la mar de útiles

Viajes gourmet en familia
PABLO AMATE

Nos ponemos en marcha. Ya saben que si usan el único AVE de Andalucía Oriental, suele tener retrasos. No ajusten al máximo sus conexiones con otros medios de locomoción, que pueden tener problemas. Si usan el avión, con Vueling sobre todo, se la juegan. Un día sí y otro también, el piloto que quiere aterrizar en Granada, siempre con retraso, termina haciéndolo en Málaga, con los graves trastornos que eso acarrea a sus pasajeros. Lo curioso es que el resto de compañías aéreas que operan los otros trece vuelos que tiene actualmente el aeropuerto García Lorca – Jaén sí pueden tomar tierra en condiciones. Y qué decir del autobús… es otra opción, pero más incomoda, ¿o no?

No coma si maneja

En Sudamérica, a conducir le llaman manejar. Y a quienes nos gusta hacer largos trayectos en coche, como a mí, que viajo para comprar vinos en distintas regiones y diferentes países; aprovechamos de camino para aprender y descubrir. Soy —era— de beber agua de vez en cuando, que espabila y refresca. Si voy más entumecido, bebo cafeína con cero azúcares y picoteo de una bolsa de patatas fritas sintéticas. La cosa es que, en las autopistas, la conducción se hace monótona y esos movimientos te permiten espabilar y volver a concentrarte. Pues si lo hubiera hecho, inteligente lector, ya me habría llevado tres multas. Así como lo lee.

Prohibido comer

Y prohibido beber cualquier tipo de cosa. Cuando era un poco más joven, me he comido al volante unos bocadillos de tortilla francesa con jamón que no se los saltaba un picador. Sólo paraba cada tres horas para ir, sí o sí, al servicio y tomar un café con hielo, siempre en la barra. Si tiene que hacer un viaje largo, y con niños, no les recomiendo parar en ese sugerente restaurante de carretera que anuncia buenas carnes al horno o a la brasa. No es aconsejable. Al terminar el condumio, y partiendo de la premisa de no catar el tinto, el mero acto fisiológico de hacer la digestión nos produce gran sopor.

No se siente, picotee

Usted puede hacer lo que quiera, pero si se da un festival, sus compañeros de viaje se quedarán dormidos y usted, con el frescor del aire acondicionado y una música agradable, tendrá casi asegurados la cabezada... y el susto. Cuando llegue a un restaurante de carretera, quédese en la barra. Pida unas tapas o una media ración. Más no. Sin alcohol alguno. Y para los niños, lleve siempre agua fresquita, algo sano para picar y oblígueles, con cariño tenaz, a que vayan al baño, aunque digan que no tienen ganas. Ya saben que, si no, a los veinte kilómetros de la última parada estarán pidiendo ir a los servicios. Y, como también saben, en las autovías y/o autopistas son raros los espacios donde poder parar en el arcén.

Viajeros, no fumen

Se contempla por parte de la Dirección General de Tráfico, que hace poco me hizo una foto desde el helicóptero saliendo de Marbella, prohibir fumar mientras se conduce. Y tiene toda la razón. Para mí, que hace años era fumador, sólo el riesgo de encender un pitillo —y qué decir si cae una chispa del cigarrillo— ya es grande. Este aviso también va dirigido a los pasajeros. Un coche cerrado con el aire acondicionado encendido convierte el ambiente en irrespirable. Y, desde luego, que a nadie se le ocurra fumar si en el coche viajan niños, personas mayores o mujeres embarazadas. En casos como estos, se para en un área de servicio, se retira uno de la gasolinera, se compra un refresco y se 'echa el pito'.

Beber alcohol

Recuerdo que, cuando estudié en Canadá, si comprabas cerveza o alguna botella de vino, tenías que llevarlas en el maletero y bien cerradas. Nada de ponerlas a los pies del copiloto o de los demás pasajeros, aunque las botellas no estuviesen abiertas. Todos sabemos que no se puede conducir ningún tipo de artilugio —desde el patinete, la bicicleta, la moto o el coche— habiendo ingerido cualquier bebida con alcohol. Mi consejo, si va a conducir cualquier vehículo, es que no tome nada que tenga alcohol. Ni siquiera una cerveza 0'0. Y menos aún si usted no ha comido o si es mujer. Y no es un comentario machista, es un dato fisiológico constatado: bebiendo la misma cantidad de vino, por ejemplo, las mujeres tienen una tasa del alcohol en sangre más alta. Aunque sean más inteligentes que nosotros.

Niños a bordo

Jamás se le ocurra viajar sin que estén situados en sus sillas de viajes, acordes con su edad. Vemos imágenes terroríficas de niños sueltos en el asiento del copiloto junto a su 'imbécil' papá o mamá: con un frenazo superior a 50 km por hora, el retoño sale disparado a través del parabrisas. Lleve entretenimiento y algo de picar, pero no meras chucherías o comida basura cargada de azúcares. La Casera —no es publicidad— indica cero azúcar. Se le puede poner en un bote como los de los ciclistas y que 'chuperreteen' o que beban agua fresquita, pero nada de caramelos, chocolatinas o gusanitos y demás productos sintéticos nada saludables.

Con las dos manos

No sé si contar aquel sucedido en que un policía le grita a un conductor: «¡Con las dos manos!» Y el que maneja responde: «¡Y con cuál conduzco!» La verdad que no sé a qué se refiere el chiste. Seguro que alguno de ustedes sí. Ya me lo explicarán. Pero justo eso es lo que debemos hacer: conducir con las dos manos bien aposentadas en el volante y no ir en plan artista, con un brazo fuera o apoyado en la ventanilla abierta, fumando un cigarrillo. Supone una multa gorda y retirada de puntos. Conducir sin camiseta o en chanclas, también. Y, por sexy que resulte su pareja con los pies descalzos encima del salpicadero, se le va ir la lascivia cuando le multen.

Niños no, gracias

Recuerdo una discusión en Marbella con un periodista de 65 años, indignado porque habían abierto en las cercanías un hotel que no acepta niños. Es un hotel normal, ni nudista ni de ningún otro rollo y este conocido mío estaba cabreado por esa prohibición. Intenté razonarle que hay personas que, por múltiples razones, prefieren no ver niños correteando durante unos días. Me acordé de unas amigas profesoras, monísimas de la muerte, que seguro que les sirve como terapia el no tener que oír gritos, carreras ni ver niños que arramblen con el bufé. También hay personas sensibilizadas por el hecho de no tener hijos y ver la felicidad de los padres y sus retoños —aunque hay días y días— puede causarles sentimientos lacerantes. Al final, añadí: «además, ¡si tú no tienes niños!» Nada más que criticar por molestar.

Todo incluido

Es el paraíso para padres tranquilones y niños bribones. Ojo, que también los hay que compran estas vacaciones porque saben de antemano lo que se van a gastar. Eso sí, no sabrán qué hay fuera de las tapias del resort o del hotel. En relación con el primer tipo de familias, el descontrol que puede sufrir la alimentación infantil es serio. Es grave poder pedir sin control familiar y con total libertad helados, bebidas carbónicas con cafeína y azucares añadidos o bebidas alcohólicas, con la excusa que son para su padre. Y no digamos cuando llegan a enfermar en la zona de bufé, durante los desayunos u otras comidas. Miedo y pavor me produjo ver a familias enteras con obesidad mórbida, gordos enfermos, ir a la zona de los postres y rellenar el plato hasta caérseles los pasteles. Mientras, en la zona de frutas, los justos o necesarios. Yo ya no voy a esos sitios. Sean felices.