Entre restaurantes sin estrella y hoteles de leyenda

Entre restaurantes sin estrella y hoteles de leyenda

Este verano me he propuesto no comer en ningún restaurante de las guías Michelin ni Repsol, no publicada este año, por cierto. Y la cosa me va muy bien en sabores, trato recibido y precios coherentes

PABLO AMATE

Busco restaurantes donde cuidan y conocen la materia prima. Española y de calidad. Lo que no quiere decir potaje de lentejas o migas. Encuentro bastantes que no necesitan calificaciones ajenas, pues sus clientes son sus mejores jefes de marketing. Hay mucho directivo que piensa que los lectores son tontos. Se puede engañar una vez a muchos, pero no siempre a todos. Madrid está de lujo, con restaurantes abiertos en agosto, bien decorados, confortables y con una materia prima impresionante. En Málaga hay destinos que cuentan con pescado y mariscos de gran calidad y a su justo precio. Además, hacen el gazpachuelo de maravilla, aunque sea verano. Y así puedo seguir por mi periplo estival. Y qué decirles de Ibiza, Marbella, Galicia o la cornisa Cantábrica.

Esto va en serio

He tenido que anular el primer envío de este articulo, pues los medios de comunicación han informado del fallecimiento de la primera víctima de la intoxicación alimentaria por la bacteria Listeria. Creo que aumentan por horas los afectados. Ahora (martes 19) son unas 90 personas las que padecen esta intoxicación. Yo parto de la base que ningún restaurante o empresa alimentaria quiere intoxicar a sus clientes. Por mi titulación en Nutrición Humana y Animal, sé que 'las infecciones por listeria son causadas por bacterias en alimentos crudos, procesados o hechos con leche no pasteurizada'. Lo que señala, sin lugar a dudas, un fallo/error/dejadez por rutina de los empleados responsables de manipular dichos alimentos. ¡Vamos, que no cae, del cielo!. Lo que me recuerda un caso muy grave que aconteció en un conocido restaurante de Granada.

Sucedió aquí

Fue en la ciudad de la Alhambra 'iluminada', con el agravante de que no se informó a las autoridades pertinentes y se tapó todo para que no se supiera. De hecho, el pacto de silencio sigue. Pero yo dejé de ir a ese local por miedo y un día no lejano daré su nombre. Sigue, a pesar de la gravedad de la contaminación alimentaria que afectó a personas muy conocidas de la sociedad, que padecieron patologías severas en muchos casos. Una de ellas, eminente docente, se salvó milagrosamente, dada su edad, de alto riesgo. Hay dos cosas en el caso de Granada muy deplorables. Una, que no se mantuvo el protocolo obligatorio que exige y regula Sanidad. No hay constancia oficial de unos análisis oficiales, no entre amigos, que dictaminaran si se había eliminado el grave riesgo.

Hay más

Y lo más pueril fue la confabulación y consentimiento de los afectados con el dueño del restaurante para callar algo muy peligroso. Así pasó y no se contó, aun a riesgo de volver a infectar a otras personas. Imagino que ese silencio pactado sería a cambio de algo, olvidándose los causantes y adláteres del presunto delito, que los camareros oyen y padecen, pues también se asustaron por su salud dado que, a veces, comen algo de lo que se cocina. Otro día les contaré el riesgo de incendio que tuvo el mismo local, por mala instalación consentida y defendida por la propiedad. Con nombre y apellidos. Total que, como ven, las cosas suceden de muchas formas; licteriosis, salmonelosis, etc. Y más cosas que, por mis estudios en Nutrición, ponen los pelos de punta. Pero lamentablemente suceden, y más a menudo de lo que llegamos a conocer, episodios muy graves.

Folletás 'del David'

Donde no hay no se puede encontrar. Y menos en un estrafalario personaje que presume de todo lo que considera que puede provocar. O sea, llamar la atención y vender exclusivas y/o anunciar cualquier cosa. Su pareja, a la que no se le conoce formación previa, hace perfecto juego con él. Conozco a ambos desde hace años, pero siento no cultivar su nivel de amistad, pues soy incapaz de llegar a sus niveles de estulticia. Al niño prodigio, pues por ahora es joven, le encanta salir en las fotos, aunque las haga él mismo. En una ocasión se zampó un plato muy popular valenciano y en Instagram escribió -presuntamente, ya saben- ¡esto sí es un plato de puta madre! Y él, vendiendo 'cocina fantasía'. El cocinero Muñoz hizo sus fotos de rigor y las publicó en redes sociales/vulgares. Lo último del niño orquesta, porque le da a todos los palos, es un vídeo en el que prueba la carne de cocodrilo (yo la como de vez en cuando en Florida o Egipto) y antes de meterse a la boca el trozo de carne, muestra cómo está asado el reptil: la cabeza prácticamente sin tocar y el cuerpo, como si fuese un trozo gigante de pollo. Imagen muy denigrante. En el jugar y en el comer se descubre a los señores.

Hoteles con leyenda

Disfrutemos de algo amable y noble. Si bien ahora no es el mejor momento para viajar a París, puede tenerlo en cuenta para el otoño. La ciudad de la luz tiene los mejores hoteles de lujo, historia y mito en sus personajes y ubicaciones en palacetes de ensueño. Pero en esta serie tengo que comenzar por el más carismático del mundo: aunque muchos están a su altura, no tienen su historia. Fue recientemente renovado. Costó 450 millones de dólares. Ha sido el alojamiento de personajes como el duque y la duquesa de Windsor, Coco Chanel, Charlie Chaplin y, por supuesto, Ernest Hemingway. Se trata del mágico hotel de la plaza Vendome: el Ritz de París. Aunque debe ir, si intenta visitarlo como turista le prohibirán el paso.

¿Poder entrar?

Este hotel es muy selectivo e impide el paso a guiris con chanclas, pantalones cortos y demás aditamentos. Quizá, a quienes visten así tampoco les interesa conocer este hotel. Es la culminación de hoteles donde la belleza, lujo, historia y servicio están al más alto nivel. Se la podría llamar reunión de dos leyendas: la primera, un chef, Auguste Escoffier; la otra, un hotelero, César Ritz, que se hicieron amigos y colegas en el Grand Hotel de Montecarlo a finales del siglo XIX y llegaron a convertirse en maestros de la hospitalidad de lujo.

Un tipo de clientes

Los dos unieron sus esfuerzos para abrir varios restaurantes en Suiza y Londres, antes de regresar finalmente a Francia, para abrir el Ritz París en 1898. Durante su época como chef de cocina en el hotel de 210 habitaciones, Escoffier cimentó su reputación como 'rey de los chefs y chef de los reyes', con su visión innovadora de la cocina y la presentación al público de las comidas a la carta. En 1988 se construyó la escuela de cocina École Ritz Escoffier en su honor. Y se mantiene hoy día, entre otras cosas.

El mejor del mundo

Fue conocido como único baluarte de las habitaciones de lujo del viejo mundo, con detalles tan pintorescos como servicio de camarera y aparcacoches. Fue notablemente futurista cuando se inauguró en 1898. El Ritz fue el primer hotel del mundo con teléfono, electricidad y una bañera en cada habitación. Y fue aquí, en la suite imperial, donde Lady Diana disfrutó de su última cena con su amante. Era su alojamiento, por eso hay un vacío en las investigaciones, sobre el porqué pasaron a tomar en el Hemingway Bar una copa de champán y salieron por la puerta trasera, donde aguardaba un coche Mercedes, de modelo antiguo, con su chófer, que dicen no esperaba conducir esa noche y había consumido bebidas alcohólicas.

Un lugar discreto

Fue allí donde tomó su ultima copa de champán. El escondido y que muy pocos conocen, incluidos sus clientes nuevos ricos. El Hemingway Bar tiene su nombre por una razón muy importante. Ernest Hemingway 'liberó' personalmente el bar del hotel durante la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, llegó al hotel en un jeep (delante del general Leclerc, comandante de las tropas aliadas) llevando a un grupo de militares al bar Ritz, proclamándolo liberado y pidiendo champán para todos. No es de extrañar que el bar del hotel, el Bar Hemingway, lleve el nombre de Papa, con recuerdos personales, fotos enmarcadas y portadas de revistas. Escribió: 'Cuando sueño con vida en el cielo, la acción siempre tiene lugar en el Ritz de París'. Hay más secretos y, como siempre, se los cuento sobre hoteles en los que he pasado al menos dos días. Y me quedo con las ganas de vivir allí. Sean felices, si nos dejan...